Edición 32Proyecto de vida

Los adolescentes frente al dilema: proyecto o ilusión

Etimológicamente, proyecto es un lanzamiento hacia delante, hacia el futuro. El proyecto da sentido a la vida porque le propone una expectativa y organiza los recursos como una meta alcanzada cada día, en un camino que no termina necesariamente con la muerte, cuando el objetivo existencial es trascendente. Un proyecto sobrevive, contagia, se multiplica y se enriquece.

La ilusión es la atracción hacia elementos inmediatos, que se evaporan una vez conseguidos; compiten por atraer la atención y engañan con falsas promesas de facilidad y magia. El iluso vive con base en experiencias inmediatas, gratuitas, que rápidamente se transforman en fantasmas. Generan un apetito voraz por la semilla de insatisfacción inherente a la característica líquida de lo inmediato.

Les propongo una comparación y contraste entre la ilusión y el proyecto. Son las metáforas de dos formas de vida incompatibles y decisivas, en el sentido de felicidad del ser humano.

Lewis Carroll (1832-1898), en su obra Alicia en el país de las maravillas, fotografía magistralmente la esencia de la ilusión: Alicia se siente extraviada, quiere huir de su situación actual que le resulta angustiosa y está atrapada en un bucle de acciones sin sentido; su vida no es historia sino anécdota. En su intención meramente escapatoria, le pregunta al gato de Cheshire qué camino debe tomar. El gato responde: “Eso depende del lugar a donde quieres ir. Si no sabes a dónde quieres ir, no importa qué camino sigas”. Esta obra es la novela del sinsentido porque Alicia no busca nada, no tiene objetivos ni metas. Las circunstancias, entonces, asumen el control de la vida y la someten. Sin una visión de futuro, se pierde autonomía y libertad interior.

La filosofía estoica —sobre todo, Epicteto, Marco Aurelio y Sénec— nos advierten del peligro de no asumir la dirección de nuestra vida y cederla a otras personas o situaciones. Cuando el centro de control es externo, por decisión propia —es un proceso, muchas veces inconsciente— el ser humano no decide su dirección ni su destino, ha claudicado y, al hacerlo, está de rodillas ante la vida.

En el polo opuesto está Viktor Frankl (1905-1997) y su obra: El hombre en busca de sentido. Es la respuesta al errante sin rumbo de la vida actual. En el campo de exterminio de Auschwitz, donde estuvo recluido, descubrió que solo las personas que tenían un motivo para vivir tenían la fuerza interna que les permitió sobrevivir a esa terrible experiencia. El mismo Frankl salvó literalmente la vida de muchos reclusos que consideraban el suicidio como la salida inmediata al infierno del campo de concentración, al hacerles considerar que les esperaban seres queridos, investigaciones u otras razones; les proponía pensar en sus proyectos para lanzarse a vivir y superar los terribles obstáculos diarios. Superar el día a día, con una voluntad férrea y una claridad en su visión, se convirtió en la herramienta clave; tenían un porqué y un para qué trascender la miseria presente. El futuro en su mente los mantuvo vivos en un presente desgarrador.

Los adolescentes actuales están en un dilema existencial: Carroll o Frankl; errar sin rumbo fijo al vaivén del presente o fijar la mirada en un objetivo que permita establecer prioridades y acciones. En otras palabras: ¿ilusión o proyecto?

La vida actual está enfermizamente centrada en el inmediatismo concreto que es ávido de gratificaciones sensibles y, por lo mismo, efímeras. Esta actitud genera una insatisfacción continua que solo se llena con otra gratificación, generando así un bucle interminable y doloroso.

El destino se labra con proyectos personales que nos permiten canalizar energías, establecer prioridades y dar espacio a la realización del talento.

Friedrich Nietzsche afirma: “Quien tiene un porqué vivir, puede gestionar casi cualquier cómo”.

Una catedral en la mente

Charles Péguy (1873-1914) narra la siguiente experiencia: Se estaba construyendo la catedral de Chartres, una de las construcciones más bellas del mundo. Los obreros trabajaban en las pesadas tareas de la lenta y detallada edificación. Un viandante pasó por el área en un día muy caluroso y observó que los canteros trabajaban en grupos, con muy diferente talante. Se acercó a un grupo donde los trabajadores manifestaban un rostro molesto y agrio. Ante la pregunta de qué estaban haciendo, la respuesta fue molesta y retadora: “estamos cargando piedras y labrándolas en este sol abrasador; es un trabajo imposible y maldigo el día en que me contraté para este trabajo. Ante la misma pregunta, un segundo grupo respondió: “Estamos levantando los muros de un edificio; si pudiera, me largaría de aquí y buscaría otro trabajo, pero no tengo alternativas ahora”. El tercer grupo tenía una actitud diferente, cantaban y parecían alegres al realizar el trabajo de canteros. Su respuesta fue coherente: ¡Estamos construyendo una obra de arte! ¿Esta catedral llevará nuestro sello y trascenderemos por los siglos venideros!”.

Los tres grupos estaban realizando la misma tarea: picar piedra; el clima era el mismo: calor intenso en verano, frío en el crudo invierno. La diferencia no la hacían las circunstancias, sino el modelo mental con el que trabajaban. El tercer grupo tenía una catedral en su mente: era su proyecto; había un porqué vivir esas condiciones que adquirían sentido, dirección por el objetivo mental. De otra forma, las personas viven en un campo de concentración mental, realizando trabajos forzosos; obviamente, a la menor posibilidad huirán de su realidad, porque no procede de una elección libre; no son autónomos.

Friedrich Nietzsche afirma: “Quien tiene un porqué vivir, puede gestionar casi cualquier cómo”. A la base del proyecto subyacen las preguntas ¿por qué? y ¿para qué? Estas dan origen al proyecto.

En Yes to life: in spite of everything (2020), se concentran las charlas que Frankl comenzó a dar en Ottakring a partir de marzo de 1946. El título “Sí a la vida” es la letra de una canción que los reclusos de Auschwitz cantaban en voz baja para fastidiar a los guardias. La canción tuvo un origen extraño: uno de los primeros comandantes de Buchenwald —prisión construida en 1937— ordenó a los reclusos que tenían que escribir un himno. Los prisioneros, a veces exhaustos de un día de duro trabajo y escaso alimento, eran forzados a cantar la canción una y otra vez. Uno de los superviviente dijo que, al cantar, “ponían todo su odio” en el esfuerzo. La letra de la canción expresa esperanza: Cualquiera que sea nuestro futuro, deseamos decir “sí” a la vida. Porque llegará un día en que podremos gritar “¡seremos libres!”.

Viktor Frankl sostiene que el placer, por sí mismo, no da significado a nuestra existencia. Cita un poema de Rabindranath Tagore: “Dormí y soñé que la vida era gozo. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y descubrí que el servicio era gozo”.

Si permitimos que los niños y los adolescentes sean guiados por el principio del placer, caerán en el inmediatismo y pondrán la felicidad como objetivo de la vida. Kierkegaard afirmó que la puerta de la felicidad siempre abre hacia fuera; lo cual significa que se cierra cuando una persona trata de empujar la puerta hacia dentro.

El proyecto orienta al futuro; el placer se atasca en el presente. La transición hacia el proyecto se llama principio de realidad. El camino es cuesta arriba y tiene un peaje. Si no enseñamos a los adolescentes a pagar el precio, claudicarán ante el proyecto.

Muchos adultos, por evitar el dolor del peaje al crecimiento, fomentan la hiperindulgencia: permisividad incondicional; los niños y adolescentes obtienen todo exigiendo, lloriqueando, manipulando. En la hiperindulgencia, el espíritu humano no crece, porque no necesita utilizar recursos latentes. El proyecto muere de inanición y el inmediatismo se refuerza.

La OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) publicó en 2018 un documento llamado “Social and Emotional Skills. Well-being, connectedness and success”, donde propone el siguiente esquema:

Existe una profunda preocupación en el mundo educativo por la creciente infelicidad (well-being) en el ámbito adolescente que deriva, tarde o temprano, en depresión, angustia, adicciones y tendencias neuróticas. Cuando el niño o adolescente no tiene un proyecto en la vida, no existe un porqué o para qué activar talentos y para invertir tiempo.

En el esquema propuesto por la OCDE, el proyecto activa todo el camino hacia el logro. Las metas en la vida son fundamentales para activar la energía personal (esfuerzo) y las habilidades intelectuales, sociales y emocionales.

Anders Ericsson y Robert Pool (2017) han concentrado en sus investigaciones el camino para lograr la excelencia. Ellos lo llaman Secrets from a new science of expertise y sugieren como clave la Práctica deliberada, que no se trata simplemente de repetir ingenuamente una acción. Los pasos son:

  1. Meta bien definida (proyecto): tiene pasos específicos que se enfocan en el cuándo y porqué. Con frecuencia requiere de pequeños pasos o sub-objetivos que garanticen el logro final. Las metas deben centrarse más en el proceso que el resultado, pues este será simplemente la derivación de los pequeños resultados diarios.
  2. Foco preciso: se centra en detalles clave para el resultado global; se proponen acciones medibles y observables que permitan detectar el avance.
  3. Salir de la zona de comodidad: es quizá la característica más importante. Es indispensable entender que, después de la zona de comodidad, está la zona de investigación, donde hay elementos nuevos, recursos latentes y talentos no explorados. El autocontrol y la autodisciplina son elementos clave para esta exploración.
  4. El feedback de los adultos (padres y profesores) es clave: proporciona información sobre la forma de mejorar lo realizado, así como el andamiaje que necesita un adolescente para avanzar en la vida. Dado que los niños y los adolescentes no tienen todavía desarrolladas las funciones ejecutivas cerebrales, es indispensable que tengan el subsidio de los adultos (andamiaje).

Después de la zona de comodidad, está la zona de investigación, donde hay elementos nuevos, recursos latentes y talentos no explorados.

Conclusión

El ser humano tiene la sensación de extravío cuando pierde alguno de los cuadrantes de la vida: tiempo y espacio. El proyecto proporciona dirección a a la energía personal y la enfoca en el tiempo. La resolución de la disyuntiva “ilusión o proyecto” es fundamental para que los niños y los adolescentes no se pierdan en el mundo actual, donde la cantidad de opciones, la hiperestimulación ambiental, la facilidad y rapidez de las ofertas, amenazan con desnortar a las nuevas generaciones. Sin brújula existencial, cualquier camino será elegible, pues no saben a dónde ir. En esa condición de extravío, las adicciones y/o la apatía pueden convertirse en el alivio a la pérdida de sentido.

Una reflexión: perdió la vista a los 7 años y a su madre, a los 15. Posteriormente, un hermano murió ahogado. Enfrentó dos opciones: a) instalarse en la esquina con su bastón blanco y su cuenco para pedir limosna. B) Hacer todo para convertirse en músico.

La clave es: “tuvo la opción”. Su nombre: Ray Charles.

La educación debe ayudar a las familias, los niños y los adolescentes a resolver el dilema: Proyecto o ilusión. Tenemos la opción.

Isauro Blanco

Filósofo, pedagogo y psicólogo educativo y clínico. Asesor de familias, escuelas y universidades.

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Un Comentario

  1. Hola Isauro.
    Muchas gracias por la magistral forma de presentar el desafío del proyecto de vida para los estudiantes. Me gusta la idea de evaluar modelos mentales a la hora de construir un proyecto y el libro de Ericsson ya esta en la lista de lectura del verano.
    Un abrazo

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