Edición 34Metodología

¿Qué es el “aprendizaje-servicio solidario”?

Desde hace más de un siglo y en contextos culturales muy diversos, educadores y estudiantes han estado desarrollando, de forma creativa, proyectos en los que se integran objetivos formativos y actividades solidarias. Muchos educadores hemos comprobado cómo aumenta la motivación y el aprendizaje, cuando aquello que se estudia en el aula puede aplicarse al servicio de la comunidad, de manera concreta.

En el año 1966, en Estados Unidos, ese tipo de proyectos educativos solidarios fue bautizado como “service-learning” o “aprendizaje-servicio”, y hoy día es un movimiento pedagógico mundial que va desde la educación inicial hasta la universidad, y que, además, ha impulsado un importante cuerpo de investigación y práctica. Países célebres por su calidad educativa, como Finlandia y Singapur, han implementado proyectos de aprendizaje-servicio desde hace décadas. En América Latina, se ha ido difundiendo de forma silenciosa pero sostenida, en los últimos 25 años, a partir del momento en que el Ministerio de Educación de Argentina lo introdujo como parte de sus políticas, y hoy casi todos los países de la región están representados en la Red Iberoamericana de Aprendizaje-Servicio.

El aprendizaje-servicio solidario puede definirse como “aprender haciendo al servicio de otros”; como “reflexión y acción transformadora de la realidad”; o bien, como una forma de aprendizaje basada en proyectos solidarios. En pocas palabras, se trata de una propuesta pedagógica que involucra proyectos solidarios con la comunidad, los cuales están protagonizados activamente por los estudiantes y son articulados, de manera intencional, con contenidos de aprendizaje.

Para ejemplificarlo en forma más clara, consideremos este análisis:

  • Estudiar para la prueba de informática es aprendizaje.
  • Visitar el asilo de ancianos para conversar con ellos y servirles la merienda es una actividad solidaria.
  • Usar los conocimientos y las competencias informáticas para organizar un curso de nuevas tecnologías, que esté dirigido a personas mayores y les ayude a usar el celular, la videoconferencia y otras herramientas que les sean útiles es aprendizaje-servicio solidario (Conecta Joven, 2018).

En los diferentes países se pueden encontrar distintas denominaciones para prácticas muy semejantes de aprendizaje-servicio: “pasantías cívicas”, en Holanda; “aprendizaje solidario” en Brasil; Community Engagement as Scholarship, en las universidades sudafricanas; y muchas otras. Tan variadas como son las formas de denominarlo, también, son los centenares de definiciones de aprendizaje-servicio, que se han desarrollado en diversos continentes a lo largo de los años. Ante la gran dispersión de nomenclaturas y definiciones, han sido propuestas diversas herramientas para distinguir las prácticas de aprendizaje-servicio de otras formas de voluntariado y actividad solidaria, así como también de otras actividades académicas, como los “cuadrantes del aprendizaje y el servicio” (CLAYSS, 2022: 15).

¿Qué es el “aprendizaje-servicio solidario”?

Los términos “aprendizaje-servicio” (ApS, en España; A+S, en Chile) o “aprendizaje-servicio solidario” (AYSS, en la mayor parte de América Latina) pueden describir de forma simultánea lo siguiente:

  • Una experiencia, proyecto o práctica educativa, en la cual los estudiantes aprenden al tiempo que desarrollan una actividad concreta al servicio de la comunidad. Estas experiencias pueden darse, también, en la educación no formal y en las organizaciones sociales.
  • Una metodología de enseñanza y aprendizaje que puede ser considerada una forma de ABP. Como el aprendizaje basado en proyectos o aquél basado en problemas o fenómenos, el AYSS es una forma de aprendizaje activa que involucra a los estudiantes en el conocimiento de la realidad; que trabaja en torno a una tarea o problema motivadores, y que posibilita el desarrollo de competencias, por medio del trabajo colaborativo, para buscar soluciones concretas. A diferencia de otras variantes de ABP, que quedan circunscritas a la zona de seguridad de la escuela, o se limitan a imaginar soluciones para problemas diseñados en el aula, los proyectos de aprendizaje-servicio permiten vincularse con el territorio; interactuar con personas y organizaciones de la comunidad; aplicar y desarrollar competencias y saberes en el terreno, para contribuir a solucionar problemas identificados y definidos.
  • Una pedagogía, una filosofía de la educación, que forma parte del vasto movimiento de innovación pedagógica que, a partir del siglo XX, postula la necesidad de una educación centrada en el sujeto que aprende y no en el catedrático que enseña; una educación activa, que genera aprendizajes que son significativos para la vida y relevantes para el contexto en el que actúan las personas; una pedagogía crítica que forma ciudadanos y ciudadanas capaces de transformar la realidad local y global.
  • Una forma específica de búsqueda de transformación de la realidad, que se diferencia de otras formas de voluntariado e intervención social, por su atención al componente formativo de todos sus participantes; por su énfasis en el planeamiento y la acción co-participativa con las comunidades, ya no “destinatarias” de ayuda sino coprotagonistas de su propio desarrollo; y por el hincapié que hace en considerar a los niños, adolescentes y jóvenes no tanto como la “esperanza del futuro”, sino como activos y protagónicos constructores del presente (Tedesco, 2012).

Una pedagogía crítica que forma ciudadanos y ciudadanas capaces de transformar la realidad local y global

Más allá de las definiciones teóricas, en la vida real de las instituciones educativas, muchos docentes y estudiantes “crean” proyectos de aprendizaje-servicio solidario por demanda de sus comunidades, o porque les resulta una actividad con sentido. Sea que se denominen AYSS o no, sea que conozcan o no la bibliografía especializada, reconocemos las prácticas de aprendizaje-servicio solidario por tres características fundamentales:

  1. Las actividades son efectivamente solidarias: están planeadas y desarrolladas junto con la comunidad, y no solo “para” ella. Aun de manera acotada, se trata de colaborar con la resolución de problemas y de abordar necesidades reales en forma eficaz; necesidades sentidas como relevantes por la comunidad y atendidas junto con ella.
  2. Las actividades son protagonizadas, activamente, por los y las estudiantes: los estudiantes, incluso los más pequeños, participan en primera persona en las actividades, y se involucran desde el momento de su diseño y planeamiento hasta que se concluye con la evaluación final de las mismas. Los docentes son acompañantes de los estudiantes en su protagonismo solidario; de ninguna manera, los únicos líderes ni los ejecutores principales de las actividades.
  3. Las actividades son articuladas, de forma intencional, con los contenidos de aprendizaje: el protagonismo de los docentes se verifica en el planteamiento del componente específicamente educativo del proyecto, de manera que garanticen que la experiencia solidaria sea en efecto formativa. Esto implica la identificación de los contenidos curriculares que se deben articular; el planeamiento de las actividades de reflexión que se tienen que desarrollar, para que no sea una práctica ingenua o acrítica; el acompañamiento en el desarrollo de competencias para la ciudadanía y el trabajo, en las actividades de investigación necesarias para el proyecto, etc. (CLAYSS, 2022: 38 y ss.).

Veamos algunos ejemplos latinoamericanos de proyectos de AYSS, en diversos niveles y modalidades educativas:

  • Nivel Inicial: en Futalaufquen, en la Patagonia argentina, niños de entre 4 y 6 años cultivan plantines de árboles autóctonos en la huerta escolar, para contribuir, junto con los guardaparques, a la reforestación de un parque nacional que sufrió un incendio. El proyecto hace que todas las áreas curriculares participen, y se extiende a los niveles de primaria y secundaria de la Escuela N.º 25.
  • Primaria: como colaboración para el rescate del patrimonio histórico local, la Escuela N.º 59 de Ituzaingó, Uruguay, se propuso recuperar la antigua estación de tren, restaurando los juegos y mejorando el predio abandonado. Con el apoyo de sus familias y vecinos, los niños construyeron y repararon juegos; pintaron paredes y las decoraron con murales; limpiaron y revalorizaron ese espacio que se había deteriorado. Las autoridades se hicieron cargo del arreglo y la limpieza de los baños y de la habitación de espera de la estación. En una jornada de fiesta colectiva, se instalaron los juegos y se inauguró el espacio renovado, que ahora constituye un punto de encuentro y recreación local. El proyecto reunió contenidos de Lengua, Expresión Plástica y Tecnología, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y Matemática (CLAYSS Sede Uruguay, 2017: 39-40).
  • Secundaria: el proyecto “Agua para todos” de la Institución Etnoeducativa Nasawe´sx Fi´zñi se propone lograr el abastecimiento de agua potable para la población indígena Nasa de Gaitania, en Planadas, departamento de Tolima, Colombia. Los estudiantes participaron en la construcción de un acueducto comunitario para mejorar la calidad de vida de la comunidad educativa, fortalecer los vínculos interpersonales e impulsar la conservación y el cuidado del sistema de acueducto. Este proyecto se desarrolló en cuatro núcleos del saber: Comunidad y Naturaleza; Interculturalidad y Comunicación; Territorio y Sociedad; y Matemática y Producción (CLAYSS, 2021: 14).

Docentes y estudiantes “crean” proyectos de aprendizaje-servicio solidario por demanda de sus comunidades, o porque les resulta una actividad con sentido

  • Educación Superior: desde hace más de 10 años, la Universidad Católica de Chile adoptó al aprendizaje-servicio como una de las metodologías de enseñanza y aprendizaje institucionales. En más de 200 cursos de las más diversas carreras, se llevan adelante proyectos con la participación de casi 6000 estudiantes y más de 180 socios comunitarios. Por ejemplo, durante la pandemia, los estudiantes de kinesiología trabajaron junto con el municipio de Puente Alto, en la periferia de Santiago, para ofrecer tele-rehabilitación para adultos mayores, quienes, por la cuarentena, no podían salir de sus casas. También desarrollaron materiales virtuales, que incluían ejercicios y recomendaciones, para el sitio web del municipio. La experiencia permitió poner en práctica todas las competencias propias del perfil de egreso.
¿Qué es el “aprendizaje-servicio solidario”?

En definitiva, los proyectos de aprendizaje-servicio solidario se proponen, de forma simultánea, contribuir a la transformación de la realidad y a la solución de problemas concretos, y, al mismo tiempo, ofrecen una alternativa educativa inclusiva, de calidad e integral:

  • Inclusiva, porque los proyectos pueden ser protagonizados por niños, adolescentes y jóvenes, quienes, habitualmente y de manera exclusiva, son considerados por el sistema educativo como “beneficiarios” de ayuda de otros. En todo el mundo, y en especial en América Latina, se han documentado numerosos proyectos de AYSS, que han sido llevados a cabo por estudiantes con discapacidades de todo tipo, o en condiciones de extrema pobreza. Así mismo, han sido realizados por minorías que han estado marginadas. Sin importar las circunstancias relacionadas con sus vidas, todos los estudiantes tienen la posibilidad -y el derecho y la dignidad- de ofrecer algo positivo a los demás, de brindar un servicio a su comunidad; de igual manera, poseen la capacidad de aprender haciendo: ejemplo de ello son los niños invidentes que señalizaron las calles de la ciudad en sistema Braille; los adolescentes con síndrome de Down que han organizado huertas comunitarias y cuidan los parques de su barrio; los niños y adolescentes en condiciones de extrema pobreza que contribuyen al desarrollo local; los adolescentes indígenas que promueven proyectos productivos para el desarrollo local y, así, tantos otros; personas en escuelas en contextos de encierro que producen materiales didácticos para niños con capacidades especiales 1.
  • De calidad, porque los proyectos de AYSS exigen un saber y un hacer en contextos reales, lo que implica mayores conocimientos y competencias que los requeridos por las tradicionales pruebas escritas o las lecciones orales. Transformar la realidad, aunque sea mínimamente, requiere investigar, aprender a dialogar, resolver problemas inesperados; y, en ese sentido, la investigación internacional demuestra el fuerte impacto de las prácticas de AYSS de calidad en los rendimientos académicos.
  • Integral, ya que permite activar, en el mismo proyecto, “cabeza, corazón y manos”2. El AYSS es parte de las innovaciones propias de la “educación para el siglo XXI”, justamente, porque supera las concepciones enciclopedistas de una enseñanza basada, de forma exclusiva, en el desarrollo de la inteligencia lógico-matemática, y permite tanto la adquisición y aplicación de conocimientos científicos, como el desarrollo de la empatía y las competencias útiles para la vida, el trabajo y la participación ciudadana, que son tan necesarias en nuestro tiempo.

Recientemente, la UNESCO publicó un “Informe de la comisión internacional sobre los futuros de la educación”, una suerte de nueva versión del célebre “Informe Delors” de fines del siglo XX. En este se plantea que “reimaginar el futuro juntos exige pedagogías que fomenten la cooperación y la solidaridad” (UNESCO, 2022: 52), y que los formatos tradicionales de enseñanza deben dar paso a nuevas modalidades de aprendizaje, de los cuales propone específicamente tres:

  • Los enfoques educativos basados en problemas y proyectos (…).
  • Las pedagogías basadas en la indagación y en la investigación-acción (…).
  • Las pedagogías comprometidas con la comunidad y el aprendizaje-servicio pueden dotar al aprendizaje de un fuerte sentido de utilidad (propósito), si se lleva a cabo desde una postura humilde” (UNESCO, 2022: 104).

Resulta interesante que la UNESCO resalte la necesidad de superar los modelos paternalistas de servicio, algo que en América Latina siempre hemos subrayado, al añadir el adjetivo “solidario” al término “aprendizaje-servicio”, que fue acuñado en el hemisferio Norte.

Sabemos que la solidaridad no es lo mismo que la beneficencia, y que el paternalismo asistencialista alimenta el clientelismo, mientras que la auténtica solidaridad incentiva el trabajo compartido y el aprendizaje recíproco. Esto es así porque la verdadera solidaridad se fundamenta en el reconocimiento de la fraternidad humana esencial, y en el reconocimiento de los mismos derechos y la misma dignidad compartidos por todas las personas.

En conclusión, el documento de la UNESCO corrobora una experiencia que ya ha sido desarrollada por miles de educadores en nuestra región y en el resto del mundo: el aprendizaje-servicio solidario contribuye no solo a que las instituciones educativas colaboren con la mejora de sus comunidades y aprendan de ellas, al extender las aulas al territorio de la realidad, sino también a que se ponga en práctica ese “aprendizaje participativo, colaborativo, de resolución de problemas, interdisciplinario, intergeneracional e intercultural” (UNESCO, 2022: 52), que se requiere para superar las desidias de la educación tradicional, y ofrecer a las nuevas generaciones la educación que necesitan para enfrentar los retos del siglo XXI. z RM

Referencias

1 Los ejemplos provienen de experiencias premiadas con el Premio Presidencial “Escuelas Solidarias” de Argentina (2000-2019), https://clayss.org/publicaciones-ministerio

La fórmula de Pestalozzi (1805) fue retomada por investigadores del aprendizaje-servicio para sistematizar su impacto integral en los estudiantes (Billig, 2004) y ha sido reiteradamente citada y reelaborada por Papa Francisco en sus mensajes a educadores, y más recientemente en el “Pacto Educativo Global” https://www.educationglobalcompact.org/

María Nieves Tapia

Fundadora y directora de CLAYSS, Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario. educadora argentina, conocida por su obra de difusión de la pedagogía del aprendizaje-servicio o aprendizaje-servicio solidario.

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