Los padres como coaches del aprendizaje y del proyecto de vida de sus hijos - Ruta Maestra
Edición 33Familia

Los padres como coaches del aprendizaje y del proyecto de vida de sus hijos

Parte I

El compromiso de los padres con la escuela

Para comenzar a tratar este tema es necesario definir un concepto fundamental: el compromiso de los padres con la escuela (parent involvement). La literatura científica en el ámbito de la educación señala que este acuerdo, estos encuentros, esta buena avenencia entre padres y maestros (en primaria, niños) y profesores (en secundaria, adolescentes) es un predictor de buen rendimiento escolar. Además, entre los efectos positivos, también se da una mejor asistencia al aula (y ausencia de absentismo escolar), así como un mejor comportamiento en el aula y en la escuela. El clima del aula mejora también, entendido este concepto como aquella atmósfera positiva que supone una mejor autorregulación de cada estudiante. Esta autorregulación (entendida en sentido clásico como autodisciplina) facilita el aprendizaje en función del sosiego que se despliega y que no hace más que des-tensionar todos los procesos de enseñanza-aprendizaje.  

El encuentro entre tutores y padres: tutorías

¿Cómo iniciar estos procesos? Uno de los puntos de partida, lógicamente, es el acercamiento entre las familias de los estudiantes y los profesores-maestros en el marco de la escuela. Y ahí, la punta de lanza es la relación entre padres y docentes que normalmente se concreta en las tutorías. Sin embargo, no todo consiste en las tutorías, sino que también se dan otros encuentros entre la vida escolar y familiar. Las tutorías se realizan en el colegio: reuniones entre el profesor o maestro tutor y los padres para monitorizar los progresos del estudiante. Pero estas tutorías admiten variaciones muy imaginativas: desde la más formal a la más informal. La versión más avanzada de las tutorías se da cuando el encuentro tiene lugar en el hogar familiar: entonces la implicación parental se llena muy dúctilmente de contenido y perspectivas. También es verdad que los encuentros padres-tutores pueden ser más amplios: encuentros que pueden ser grupales (formación de padres) o festivos. Relación que se puede circunscribir incluso al voluntariado cuando los padres se ofrecen para ayudar a la escuela en un importante número de posibilidades. Un encuentro productivo se da cuando el liderazgo familiar mancomunado, que se puede constituir en plataformas, asesora (de un modo no vinculante) a la dirección escolar en la toma de decisiones. Sin embargo, en estas líneas nos focalizaremos en la tutoría.

Los padres como coaches del aprendizaje y del proyecto de vida de sus hijos_Ignasi de Bofarull_Ruta Maestra 33

Los padres descubren qué es la escuela

Pero regresemos al concepto de compromiso familiar o parental (parent involvement). Lo primero que sucede cuando Pero regresemos al concepto de compromiso familiar o parental (parent involvement). Lo primero que sucede cuando un maestro-profesor llama periódicamente a unos padres para hablar de su hijo es que la escuela se convierte para este hogar en un tema más significativo. Los padres entran en la escuela llamados por los docentes y la escuela (el aprendizaje, la maduración, la formación moral, como temas prioritarios) entran en casa. Y entonces quizá esta familia se avenga a crecer en su actividad sociocultural y comunitaria. Quizá crezcan las conversaciones familiares sobre estos temas. Tal vez crezca el número de libros, revistas y con ellos el número de palabras manejadas en el hogar, que acaba siendo un muy significativo predictor del éxito escolar. Es posible entonces que todo lo que tiene que ver con la escuela reciba más atención en casa. Y el valor de la escuela crece y los padres se dedican más a pensar en la escuela como una oportunidad central en la vida de sus hijos. Los padres comprueban que el hijo importa para la escuela y para los docentes: ¿cómo no iba a importar para ellos que son los padres? Y con la misma sencillez de planteamientos, los padres descubren que ellos importan para la escuela. A partir de ese momento, los padres (insisto) descubren qué supone la escuela en la vida de sus hijos: una oportunidad vital, y las tutorías una invitación indeclinable. Estamos planteando un encuentro para construir quizás una mejor comunidad escolar, fundamentada en personas que se ayudan, se entienden y colaboran. 

Dudas, apriorismos, dificultades

Sin embargo, no todo anda sobre ruedas desde el principio. Cada una de las dos partes puede experimentar dudas, apriorismos, dificultades. Problemas que proceden de muchos planos. Por ejemplo: una inicial desconfianza de los padres en la escuela por razones étnicas, lingüística, de estatus socioeconómico. Ahí, lo veremos, el maestro-tutor debe esforzarse en allanar el camino y deshacerse de prejuicios. Uno de los temas más serios es el horario laboral del propio tutor, pues muchos docentes de baja disponibilidad solo quieren ver a los padres en horario escolar. El ajuste de horarios entre padres y docentes para el encuentro tutorial es un asunto muy importante. Quizá la escuela no habilita horarios y espacios para estos encuentros, quizá los maestros-profesores no tienen (o no están dispuestos) a prestar su tiempo para adaptarse a los horarios de los padres. Estos pequeños conflictos y desajustes son letales para la relación docentes-padres, pues pueden generar malentendidos y romper las sinergias de unos encuentros más fluidos. En esto, la dirección de la escuela tiene un papel que cumplir: debe organizar y canalizar sin reticencias esos encuentros institucionalmente, con remuneración y recursos económicos. Si la vocación del maestro ayuda, mejor. Si el maestro no presenta tanta disponibilidad, serán la escuela y las familias quienes pierdan. Pues es fácil que algunos maestros desconfíen de estos encuentros y se inicie una espiral negativa. ¿Por qué actúan así los maestros? Por muchos motivos: por falta de habilidades, por miedo a quedar expuestos ante sus contradicciones como profesionales, porque la escuela no remunera este esfuerzo extracurricular. Además, muchos de estos encuentros pueden ser complicados, pues los padres acceden a la tutoría con problemas, reivindicaciones, desacuerdos, y es fácil que un maestro-tutor sin formación carezca de la suficiente preparación y profesionalidad para enfrentarlos. En este punto radica la importancia de que el Tutor sea una persona con vocación, acompañada por una dirección que valora sus esfuerzos y que le apoya incondicionalmente en otros aspectos de su docencia.

Formar los docentes en la tarea de ser tutores

La clave es la profesionalidad alcanzada por el tutor-profesor, la confianza que se puede generar, la disponibilidad por parte del maestro-profesor para manejar la mejor información con la cual va a ilustrar a los padres en todas sus dudas y quejas: calificaciones, autorregulación, actitud, amigos, etc. No es fácil. Además, los pequeños o grandes fracasos en estos encuentros pueden acabar generando distanciamiento y rencores entre las dos partes. El equilibrio debe ser mimado. Y el equilibrio se construye cuando en las prácticas escolares de los futuros maestros y profesores, en la facultad, no solo se les forma para que sepan cómo deben proceder dentro del aula, sino también cómo se deben desempeñar en el resto de las vicisitudes del colegio: por ejemplo, las tutorías. La educación escolar no solo tiene lugar en el aula: el docente educa en todos los rincones del colegio y de la vida escolar: el descanso, los pasillos, las comidas, las salidas culturales, la relación con los padres. La escuela debe recuperar lo mejor de aquella comunidad educativa de antaño, liberada del estrés del presente, trabada, que luego se prolonga en la comunidad educativa más amplia que une a padres, barrio, municipio, actores culturales, etc. Y estos planos se enseñan (o se deben enseñar), en programas ad hoc, en las facultades de educación. El maestro tiene que contar con una gran puesta en escena en clase, con los niños, y también con los adultos: en el claustro, ante los directivos. Y principalmente ante los padres. Debe saber involucrarlos en el mundo escolar y en el apoyo a las tareas de sus hijos. Debe implicarlos en el apoyo a la promoción de los esfuerzos del hijo, invitarles a sentirse corresponsables con la escuela. Y este trabajo se aprende, en la prácticas durante en el grado de educación, y no se debe improvisar cuando se está ya trabajando en la escuela. Es más: es muy interesante que todo futuro maestro-profesor se someta a un año de prueba (ante de comenzar a trabajar definitivamente con un contrato) en la escuela como un verdadero trabajo final de grado práctico. Estamos hablando de un becario a prueba. Entonces se convertirá en un docente que no solo enseña: también es un informal psicólogo, tutor, guía y ejemplo que debe saber representar un papel muy coherente, no solo ante los hijos sino también ante los padres. En una palabra: debe formar a padres en la ciencia de ser maestros de sus hijos (parents as teachers). También será interesante que este futuro maestro sea una persona íntegra en el más positivo sentido de la palabra. A la facultad de educación, desde los diferentes grados, deben llegar personas con un alto nivel de vocación y de conocimientos de las materias que van a impartir. Y para esta tarea no sirven todos los que estudian para maestros-profesores. Y los candidatos equivocados deben descubrirlo cuanto antes. 

Parte II

Intercambio de información: consejos, iniciativas

Una de las bases del éxito en las relaciones entre padres y tutores radica en que los padres se vayan comprometiendo desde las tutorías a conocer bien y a fondo a sus hijos para ofrecer la más afinada información a los maestros-profesores. Y, por supuesto, en convergencia con el buen conocimiento paralelo de cada uno de los estudiantes por parte del maestro: esas son las claves del éxito. Entonces: cuando los padres ven que se conoce bien a sus hijos (reacciones, puntos fuertes, puntos débiles, éxitos y fracasos) como estudiantes y personas, crece su capacidad de comprometerse fuertemente con la tarea escolar (parent involvement). Si los padres se sienten escuchados, informados, convocados, como parte activa, el aprendizaje de los hijos va a prosperar y el hijo se va a sentir muy respaldado por la coherencia de los mensajes pactados entre padres y tutores.  

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Es fundamental que un tutor-maestro-profesor sea cordial: en el tono, los gestos, las respuestas, el lenguaje verbal y no-verbal. Y eso culmina en el hecho capital de que los padres se sientan muy atentamente escuchados.

  1. Es fundamental un tutor-maestro-profesor cordial: en el tono, los gestos, las respuestas, el lenguaje verbal y no-verbal. Y eso culmina en el hecho capital de que los padres se sientan muy atentamente escuchados, en escucha activa y, paralelamente muy valorados. Hay que evitar de entrada el típico discurso profesoral dirigido a los padres, que dura mucho rato y que hasta puede ser humillante. Hay que empezar por dar espacio a los padres para que hablen ellos. Por parte del tutor hay que empezar con lo bueno y relativizar lo malo, porque es solucionable. Y los padres deben acabar conscientes, y es cierto (no es adulación), de que sus contribuciones son valiosas y de que son actores educativos de primera magnitud. No solo se trata de llegar a acuerdos y soluciones entre padres y docentes. Hay mucho más: quizá el papel fundamental del docente-tutor es el de llamar la atención a los padres para que estén atentos a toda la información que les llega de la escuela y su relevancia. Para que la repasen periódicamente y se pongan en marcha al ritmo de la escuela. 
  1. Cuando la confianza fluye, aspecto básico, el maestro-tutor debe hablar cordialmente, pero sin dejar de ser claro y exigente. El tutor no puede ser demasiado indulgente. Informar bien, dando todos los datos y capacitando a los padres para que den solución a esos problemas en casa con un talante positivo que evite resquemores, juicios precipitados, sentencias desajustadas y soluciones inviables. 
  1. Una clave es el seguimiento de los temas: se propuso una solución y el maestro-tutor debe seguirla y celebrar los éxitos —hacer llegar los éxitos a casa vía digital quizá-— o quizá refinar y ajustar los pasos en función de la realidad de lo que está sucediendo. En ese sentido, es bueno que el grupo de tutores de cada curso se reúna alguna vez para hacer un balance de buenas prácticas y también para fijar los errores más comunes. Se trata de seguir afinando y construyendo una puesta en común, para una mejora de la acción tutorial personalizada. 
  1. Hay, consecuentemente, encuentros personales y encuentros digitales. Las escuelas, apoyándose en la sabiduría de los tutores-docentes, deben habilitar el mejor procedimiento para la comunicación digital, siempre que no sea posible una comunicación presencial, que siempre será más cálida y fructífera. Debe ser fácil, intuitiva y clara. Informar es vital. No ha de ser constantemente pero sí debe funcionar cuando es necesario. El objetivo es que los padres estén más atentos. Esta información tutorial es una extensión de la información general que da la escuela a las familias.  
  1. Desde la perspectiva de los padres, es bueno fortalecer la satisfacción del maestro-tutor respondiendo sus mensajes con puntualidad y facilitando el feedback. El maestro-tutor necesita, para seguir bregando, notar la colaboración de los padres. Todo lo que sea interactuar con empatía es una posibilidad de incrementar el elemento fundamental de esta relación que va en doble dirección: la confianza. Y para eso hay que pensar varias veces qué se escribe en las redes de contacto o qué se dice en la tutoría para no romper lazos, que han sido producto de muchos encuentros meticulosos y bien trabajados. De muchas horas de compromiso parental y tutorial que, además, han dado ya muy buenos resultados. Respeto, confianza y compromiso, una de las bases del futuro éxito. 
  1. Se ha dicho con anterioridad y se insiste ahora: de cada reunión ha de salir una toma de decisiones, un plan de acción, y eso exige un seguimiento que se contemplará en la siguiente reunión o en cortas comunicaciones digitales. Quizá no sobra una agenda escolar en la que se puedan intercambiar mensajes manuscritos muy cortos entre profesores y padres, aunque no sea el mejor medio de comunicación para formalizar la toma de decisiones trascendentales. Pero las cosas también pueden progresar vivencialmente: quizá la mejor tutoría fue la más informal, pero a la vez llena de balances, que tuvo lugar en la fiesta de final de curso. Ahí, cerca de la amistad (objetivo tan difícil como lleno de sinergias) entre padres y tutores es como se percibe la grandeza de la tarea bien hecha y sus resultados. No nos olvidemos: para que una escuela pueda funcionar debe ser una comunidad de objetivos y fines en sentido fuerte: y eso se logra en la relación fluida.  RM

El papel fundamental del docente-tutor es el de llamar la atención a los padres para que estén atentos a toda la información que les llega de la escuela y su relevancia.

Ignasi de Bofarull

Profesor de la Facultad de Educación en la Universitat Internacional de Catalunya (UIC). Investigador del Instituto del Estudios Superiores de la Familia de la UIC y director del grupo de investigación de la Generalitat de Catalunya denominado Parentalitat, Igualtat i Conciliació. Ha publicado diversos artículos y libros entre los que se encuentran Enganchados a la pantallas (2002); Ocio y tiempo libre: un reto para la familia(2005); y Habilidades para la vida. Familia y escuela (2019)

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