Edición 29Evaluación

¿Cómo evaluamos en educación inicial?

Cuando hablamos de evaluar a los estudiantes en el nivel inicial, tenemos la idea que es un proceso complejo y largo porque nos enfrentamos a niñas y niños pequeños que están en plena explosión de aprendizaje.

Algunas veces creemos que esto se convierte en un obstáculo al momento de iniciar un proceso de evaluación; sobre todo, si queremos desarrollar una evaluación formativa bajo un enfoque competencial. ¿Pero realmente nos enfrentamos a una labor titánica?

Definitivamente, no. Si bien es cierto que, a lo largo de los años, el concepto de evaluación ha ido cambiando, actualmente la evaluación formativa que implica tener en cuenta el proceso más que el resultado, nos brinda pautas y estrategias para llevarla a cabo.

En este sentido, Sheppard ha aportado el modelo más aceptado de la evaluación formativa. Este modelo define que los docentes no solo se limiten a brindar retroalimentación de las respuestas correctas o incorrectas de sus estudiantes, sino que tengan claridad sobre lo que quieren que aprendan, sobre lo que han aprendido y sobre cómo harán para que aprendan lo que se espera. Es decir, deben tener en claro los aprendizajes esperados, la claridad de los conocimientos previos de los estudiantes y la definición de estrategias que se requieren para que ellos alcancen los aprendizajes de acuerdo con lo que saben.

Asimismo, el modelo señala que la evaluación debe darse durante el proceso de aprendizaje, mientras los estudiantes trabajan en tareas que ejemplifican los aprendizajes esperados de manera directa. Esto puede hacerse a través de preguntas, actividades y evidencias que se dan en el desarrollo de las sesiones pedagógicas. Finalmente, para que la evaluación formativa sea de ayuda para el aprendizaje, el docente debe retroalimentar el trabajo de los estudiantes para subsanar las dificultades detectadas y brindar los elementos necesarios para que sean capaces de supervisar su propio proceso.

Evaluar para aprender

En el nivel Inicial, los docentes son los responsables directos de la evaluación de los estudiantes, independientemente de su momento. En este contexto, la evaluación desde el enfoque formativo se concibe como un insumo importante para mejorar los procesos de aprendizaje durante todo el trayecto de formación. Con frecuencia se observa que los docentes dedican poco tiempo a la evaluación del aprendizaje en sí mismo, lo cual puede redundar en que los criterios y los procedimientos empleados no necesariamente valoren, de manera amplia y consistente, el aprendizaje adquirido por los estudiantes. Para subsanar esta situación, la evaluación para el aprendizaje desde el enfoque formativo requiere que cada docente utilice las estrategias y los instrumentos de evaluación que considere adecuados a las necesidades de aprendizaje de su grupo para atender a la diversidad de alumnos.

Desde este enfoque, la evaluación favorece el seguimiento al desarrollo del aprendizaje de los estudiantes como resultado de la experiencia, la enseñanza o la observación. Por tanto, la evaluación formativa constituye un proceso en continuo cambio, producto de las acciones de los alumnos y de las propuestas pedagógicas que promueva el docente (Díaz Barriga y Hernández, 2002). De ahí la importancia de entender lo que ocurre en el proceso e identificar la necesidad de nuevas oportunidades de aprendizaje.

Hablar de evaluación para el aprendizaje es hablar de una evaluación formativa, porque…

  • Se pasa de un concepto de evaluación centrado en el producto o en el resultado de un aprendizaje como un acto final a un concepto de evaluación centrado en el proceso para brindar retroalimentación y aportar en su mejora.
  • Exige a los docentes que comuniquen claramente a sus estudiantes qué es lo que se espera que aprendan; es decir, cuáles son los desempeños esperados y cómo se evaluarán estos logros.
  • Genera una instancia de análisis de los datos que arrojan las evaluaciones aplicadas por el docente en el aula. A partir de este análisis, se proporciona retroalimentación a los estudiantes para que tengan en claro lo que tienen que hacer a fin de mejorar su desempeño.
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Evaluación desde un enfoque competencial

La evaluación tiene una función reguladora de todo el proceso de aprendizaje: debe permitir decidir y adaptar las estrategias pedagógicas a las características del alumnado y constatar sus progresos a medida que avanza en los aprendizajes. Evaluar una competencia consiste en valorar hasta qué punto un alumno es capaz de emplear su conocimiento para resolver situaciones que se aproximen de la forma más concreta posible a la vida real.

Si nos centramos específicamente en el desarrollo de las competencias en los niños y las niñas y, a partir de su desarrollo, establecemos una evaluación formativa, debemos buscar que esta presente las siguientes características:

  • Valore el desempeño de los estudiantes al resolver situaciones o problemas que signifiquen retos genuinos para ellos.
  • Identifique el nivel en el que se encuentran los estudiantes respecto de las competencias con el fin de ayudarlos a avanzar hacia niveles más altos.
  • Cree oportunidades continuas para que los estudiantes demuestren hasta dónde son capaces de combinar, de manera pertinente, las diversas capacidades que integra una competencia, antes de verificar la adquisición aislada de contenidos o habilidades y distinguir entre los que aprueban o desaprueban.

A partir de estos lineamientos, se deben plantear preguntas que lleven a establecer los parámetros adecuados para propiciar situaciones de aprendizaje significativas en los estudiantes. De esta manera, se podrá formular una evaluación para el aprendizaje bajo el enfoque competencial.

Además, se debe tener en cuenta lo siguiente:

  • ¿Qué se espera que logren los estudiantes?

Se espera que los estudiantes logren los propósitos de aprendizaje. A partir de ellos, los docentes deben comunicarles los criterios con los que serán evaluados y promover su comprensión. Para este fin, se pueden proponer actividades de acuerdo con la edad de los niños y las niñas, y aplicar diversas estrategias.

  • ¿Qué saben hacer o qué han aprendido los estudiantes?

Para saber qué ha aprendido cada estudiante o qué nivel de logro alcanzó en su competencia, es indispensable contar con evidencias que den cuenta de qué sabe hacer el estudiante en relación con los criterios de evaluación establecidos para evaluar el aprendizaje.

A fin de realizar esta evaluación constante, necesitamos incorporar a nuestras aulas de inicial el uso de nuevas herramientas que nos permitan diagnosticar la profundidad de la comprensión de los saberes que las distintas áreas proponen. Entre estas herramientas se encuentran rúbricas, listas de cotejo, registros, dianas, rutinas, etc., cuyo empleo contribuirá a generar una nueva cultura de evaluación continua y compartida de los aprendizajes.

  • ¿Qué deben hacer los estudiantes para seguir aprendiendo?

Los estudiantes deben recibir una retroalimentación adecuada y oportuna. El docente debe tener claridad sobre lo que espera que logre el estudiante y aquello que sabe hacer o ha aprendido. Para ello, es importante que dialogue sobre sus avances, dificultades y aquello que podría hacer para mejorar sus producciones y actuaciones.

Es así que este proceso de evaluación se nos presenta como un reto, pero también como una oportunidad de diagnosticar la eficacia de cómo aprenden los estudiantes y cómo utilizan este aprendizaje para afrontar la vida de forma cada vez más madura y satisfactoria. Si creemos que deben aprender a desenvolverse con soltura en las diferentes situaciones que se les presentan, evaluar las competencias significa que, como entrenadores viales, los docentes nos aseguramos día a día de que sus aprendizajes contribuyan a su crecimiento y maduración para la vida. RM

Bibliografía:

Ministerio de Educación del Perú. (2016). Currículo Nacional de la Educación Básica. Lima: Autor.
Subsecretaría de Educación Básica de México (2012). El enfoque formativo de la evaluación. México.
Subsecretaría de Educación Básica de México (2012). La comunicación de los logros de aprendizaje de los alumnos desde el enfoque formativo. México.

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Mónica Di Natale Matta

Licenciada en Educación Inicial con Maestría en Problemas de Aprendizaje y Segunda especialidad en Formación Magisterial y Uso pedagógico de las TIC para la docencia. Experiencia de 10 años en la práctica docente y 16 años en la edición de textos escolares y material educativo, 14 de ellos como Responsable del Nivel Inicial en Editorial Santillana Perú.

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