Edición 23Invitado especial

Atrapado sin salida

El sábado en la tarde Mateo entró a su cuarto con más tiempo que de costumbre. Miró sus figuras armadas con fichas de Lego, y sus muñecos Transformers. Había pasado buenos momentos con ellos pero ahora no le apetecía tocarlos. Miró un tablero de ajedrez y luego un cubo de Rubik, del que hasta ahora solo sabía armar un lado, pero no tenía ganas de retarse ni con quién echar una partida. Miró su patineta, pero llovía. Suspiró.

De repente miró su mesa de noche. A un lado del portarretratos en que aparecía abrazado con su abuelita, estaba la tableta con la que eventualmente sacaba fotos o jugaba Mario Bros, y al otro, debajo de un reloj despertador del Capitán América, había un libro llamado El escarabajo azul que le había regalado su papá en la Navidad pasada. Su mirada y su razón se inclinaron por la tableta, pero una corazonada haló bruscamente su mirada, posándola sobre el libro. Cogió el despertador con algo menos de fastidio que en las mañanas y lo puso sobre la tableta. Luego tomó el libro como quien toma un postre poco apetitoso de una alacena y se echó de espaldas en su cama rebotando sobre el colchón. Se quitó los zapatos sin desamarrarlos, tal como lo hacía su hermano mayor, utilizando solamente las puntas de los pies, y acomodó el cojín del América de Cali bajo su nuca. Abrió el libro con una sola mano como le había visto tantas veces hacerlo a su papá y leyó los primeros renglones del libro: “Esa tarde el pequeño Dorian abrió por primera vez el libro que le había regalado su padre años atrás, cuando una mano emergió de entre las letras y lo atrapó. Dorian no alcanzó a musitar palabra cuando la mano agarró la parte posterior de su cabeza y lo zambulló entre las letras…”. Mateo leyó de corrido y sin descanso El escarabajo azul hasta que finalmente escuchó a lo lejos el tercer llamado que su mamá le hacía para bajar a comer, ya en un tono poco amigable. Se levantó despacio pero no soltó el libro, solo levantó su mirada cuando estuvo frente a la escalera. Cuando se sentó a la mesa su mamá alcanzó a notar con el rabillo del ojo, cómo una mano, que emergía del libro, tenía atrapada la muñeca de su hijo.

Un escritor es una especie de caballero medieval. Con su papel y su pluma, a manera de espada y escudo, salva personas del aburrimiento y de la amargura, a veces mata dragones, a veces los crea, inspira historias, enciende imaginaciones, construye universos, reconcilia seres con la vida… Y al igual que el caballero medieval, sabe que cuenta con un don y también con una gran responsabilidad. Sabe que la gente confía en él como escritor y le confía sus horas de esparcimiento. Pero cuando un escritor decide escribir para niños y jóvenes, tiene una responsabilidad aún mayor. Ya que escribir para ellos implica, no solamente atraparlos y darles suficientes argumentos para que terminen el libro, sino también pensar un poco como ellos, ponerse en sus zapatos o en sus babuchas de garras, indagar qué es lo que les inquieta, lo que los motiva, a qué le temen. Requiere remojar ese niño que se lleva dentro y sacarlo a orear al sol. Porque si un escritor no logra atrapar a ese jovenzuelo, quizá este olvide la lectura como placer o pasatiempo y la restrinja solo a aquello que debe leer por obligación. Un primer libro que no involucre a un joven, puede alejarlo por meses o años de la lectura. Pero si la experiencia resulta placentera, al terminar el libro buscarán otro, y luego otro y otro más.

Si los escritores logramos generar una primera buena experiencia con nuestros libros estaremos generando lectores, estaremos abriendo mentes al universo de la literatura, estaremos ayudando a crear amigos de los libros.

Por eso cada libro, que un escritor de literatura infantil y juvenil, escriba, debe ser pensado como el primer libro que un niño o una niña va a leer en su vida. Es importante reconocer que nuestra competencia no son otros libros. Nuestra competencia es el celular, el WhatsApp, la tableta, las redes sociales y, en ocasiones, el techo. Nuestra competencia es el sueño, son las series de Netflix, es la vida misma, es la realidad.

¿Y cómo competirle a contrincantes tan fuertes? Con libros que les hablen a los niños y a los jóvenes, como ellos, libros que toquen cualquier tema, desde la aventura o el juego, hasta la enfermedad o la muerte, desde la tristeza hasta el miedo, desde el amor hasta el fútbol, sazonados con situaciones y elementos con los que se identifiquen; y abordándolos, quizá, con el ingrediente que Pilar Lozano propone, debe permear cualquier tema que se aborde para niños: la ternura. La ternura es amiga del buen humor, la ternura toca fibras, emociona, conecta y genera lazos. La ternura atrapa amigos de la lectura.

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Fernando Escobar Borrero

Escritor, creativo, y conferencista colombiano. Autor de diferentes artículos sobre deporte en periódicos nacionales como El Tiempo. Autor del libro Una amistad en juego, del sello Loqueleo.

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