Edición 29Experiencias nacionales

Niños y tecnología: como establecer límites desde el amor

“Como educadores, también podemos pensar e ir dándole forma a esta “nueva normalidad”, dándole sentido al uso de la tecnología y estableciendo límites razonados, cuestionando, lo que no quiere decir rechazando, el papel que toma la tecnología en la educación”

Tras el cierre imprevisto de los colegios, la tecnología es en muchos casos la principal herramienta que ha permitido que los estudiantes continúen sus procesos formativos. Ahora bien, como educadores, podemos acomodarnos a lo que nos presentan como “nueva normalidad” en la educación, aceptando por ejemplo sin mayor cuestionamiento el lugar que toman los dispositivos tecnológicos en el día a día de los niños. Como educadores, también podemos pensar e ir dándole forma a esta “nueva normalidad”, dándole sentido al uso de la tecnología y estableciendo límites razonados, cuestionando, lo que no quiere decir rechazando, el papel que toma la tecnología en la vida de manera general y en la educación en particular.

En este sentido, en espacios como el Colegio Montemorel, institución de educación humanista localizada en Chía, se tiene conciencia de que el reto de adaptación digital al que los colegios tuvieron que hacer frente, debe estar acompañado de un cuestionamiento en cuanto al lugar y al rol que debe tener la tecnología en la educación y vida de los niños. Además, si ya era el caso antes, ahora es mucho más importante no únicamente el pensamiento crítico que se pueda desarrollar ante la tecnología, sino también la capacidad de los padres y madres de familia de establecer límites al uso de los dispositivos digitales. Acorde con los fundamentos humanistas de su propuesta educativa, el Colegio Montemorel ofrece espacios de desarrollo humano a su comunidad, como lo fue una conferencia ofrecida por Ernesto Rivera, Ph. D. en Psicología, de la que proviene este texto.

¿Por qué pensar en establecer límites a los niños del uso de la tecnología?

Como en muchos otros campos, en la educación la tecnología ofrece nuevas maneras de operar e incluso nuevos horizontes. Integrar la tecnología en el desarrollo infantil puede permitir, como lo han demostrado algunas investigaciones, mejorar el pensamiento crítico y desarrollar capacidades de resolución de problemas. De manera general, la tecnología puede ser el motor de métodos de aprendizajes más eficaces, mediante entornos de aprendizaje más activos y colaborativos.

Sin embargo, algunos hechos e investigaciones deben llamar nuestra atención. Bill Gates, el fundador de Windows, prohibió a sus hijos que utilizarán celulares, Tim Cook, el presidente de Apple, dijo que no dejaría que su sobrino estuviera en las redes sociales, mientras que Steve Jobs no dejaba que sus hijos estuvieran cerca de iPads. De manera general, en la Sillicon Valley, el epicentro mundial de la tecnología, han crecido en los últimos años las preocupaciones sobre el uso y la dependencia que pueden crear las tecnologías en los hijos mismos de los altos ejecutivos 1. Investigaciones nos indican que, en los lactantes menores de un año, la exposición a pantallas electrónicas está asociada a un menor desarrollo cognitivo y del lenguaje después del año. Los niños menores de dos años necesitan de la exploración con sus manos y de la interacción social para desarrollar sus habilidades cognitivas, del lenguaje, motoras y socioemocionales 2. La Academia Estadounidense de Pediatría aconseja que los niños menores de 2 años no sean expuestos a ningún tipo de pantallas electrónicas. Para los niños entre 2 y 5 años, recomienda limitar el tiempo de uso de los medios digitales a no más de 1 hora por día (y con programas de alta calidad) y permitir a los niños disfrutar de un tiempo amplio para dedicarse a otras actividades importantes para su salud y desarrollo.

Frente a las ventajas e inconvenientes que el uso de la tecnología tiene para el desarrollo de los niños, y tomando en cuenta que vivimos en un mundo con una presencia cada vez mayor de la tecnología en donde la opción de cero tecnología es casi imposible, y quizás indeseable para un óptimo desarrollo, una buena opción es optar por un uso limitado y progresivo de los dispositivos tecnológicos y el desarrollo de un pensamiento crítico con relación a estos. Es la opción que han elegido muchos altos ejecutivos de la Silicon Valley, en donde ahora escuelas con inspiraciones de pedagogías de tipo Waldorf, con posturas pensadas hacia la tecnología, como el Colegio Montemorel, están en auge.

Ahora bien, la pregunta es cómo, desde el papel de educadores, que se trate de padres o docentes, podemos limitar y orientar el uso de las tecnologías de los niños. Las respuestas son diversas: desde la vigilancia digital a través de aplicaciones especializadas, hasta posturas de autoritarismo. Desde la Psicología Humanista y específicamente desde el Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers, otra opción consiste en establecer límites desde la afectividad y el amor. Esta opción tiene la ventaja de inscribirse en un proceso más global de educación-crecimiento-desarrollo de la persona, ofreciéndole un marco relacional que le permite al niño dejar de responder por la mera presencia, el temor a la autoridad o un beneficio inmediato.

Una relación que esté marcada por estas tres actitudes terapéuticas permite de manera general que se dé una relación de crecimiento hacia el desarrollo del máximo potencial de la persona, y para el tema que tratamos, facilita el establecimiento de límites en el uso de la tecnología.

Empatía, aceptación y congruencia: tres motores para establecer límites desde el amor

El Enfoque Centrado en la Persona plantea el concepto de libertad en el ser humano como el punto de partida para el desarrollo pleno de sus potencialidades, pero una libertad entendida con la responsabilidad que implica asumir las consecuencias de las decisiones y las acciones. Partiendo de esta perspectiva, es posible establecer reglas con coherencia, firmeza y amor, autoridad sí, autoritarismo no, asertividad sí, agresividad no, aceptación positiva incondicional sí, desinterés no, empatía sí, desconsideración no, congruencia y seguridad sí, confusión e inseguridad no.

Esta corriente de la psicología humanista insiste en el carácter fundamental de las relaciones en el desarrollo de una persona de manera general y de los infantes en particular. Un niño se construye antes que todo por medio de las relaciones que establece con sus cuidadores (madre, padre, familiares, docentes…), sus compañeros y de manera progresiva consigo mismo. Aquí entran en juego las tres actitudes terapéuticas que Rogers propone como necesarias para establecer relaciones sanas, no solo a nivel estrictamente terapéutico, sino también propias de distintos escenarios y contextos como el familiar o el educativo: la congruencia, la aceptación positiva incondicional y la empatía. Una relación que esté marcada por estas tres actitudes terapéuticas permite de manera general que se dé una relación de crecimiento hacia el desarrollo del máximo potencial de la persona, y para el tema que tratamos, facilita el establecimiento de límites en el uso de la tecnología.

En su libro fundacional, C. Rogers 3 especifica estas tres actitudes. La congruencia implica una postura en la que la persona exprese realmente sus emociones, sentimientos y pensamientos, condición sine qua non para que logre relaciones auténticas. La aceptación positiva incondicional consiste en respetar al otro, sin que esto dependa de lo que este otro sea o haga. Debemos aquí no confundir aceptación con aprobación: no es por que aceptemos un comportamiento, que lo aprobamos. Esta postura nos ayuda a establecer una relación realmente provechosa para el desarrollo de la persona. La empatía se traduce para Rogers en el deseo constante de comprender realmente al otro, no con nuestros ojos, sino intentando ver con sus ojos.

Establecer una relación caracterizada por la congruencia, la aceptación incondicional y la empatía, exige un trabajo consciente sobre sí mismo. Como lo pone A. Celis: “no es (…) expresarlo todo como una máquina irreflexiva e inconsciente, sino que consiste en conectarnos profundamente con nosotros mismos, aceptar todo lo que vemos allí, darle espacio a todo eso y, entonces, optar por la alternativa más elevada, responsable y amorosa que conozcamos en nosotros” 4.

Consejos para establecer límites desde el amor (para la tecnología y otros temas)

Los límites los establecemos siempre en el marco de una relación. La primera invitación es que consideres la relación que como padre o madre tienes con tu hijo/a. ¿Cómo describirías tú esta relación? ¿Cómo crees que tu hija o hijo perciba esta relación? Además de tomar esta relación como algo que existe de por sí, de manera general, es muy útil pensar en las interacciones que se construyen diariamente a partir de esta.

Así, al considerar que usamos nuestro lenguaje (verbal y no verbal) para establecer límites, puede ser útil detenernos por unos instantes a evaluar si ese lenguaje que estoy usando es especialmente claro y asertivo, y no solo para mí, sino para la percepción de mi hijo/a. ¿Cómo lo percibe él/ella? ¿Estoy seguro que estoy abriendo puertas en vez de cerrarlas? En esto vale tomar ventaja del conocimiento que tenemos los padres y madres de nuestros hijos, pues probablemente pocas personas en el mundo sepan mejor cómo llegarles, a qué lenguaje se abren más fácilmente. A veces no se trata del contenido, sino de la forma. Recuerda que estás en frente a un ser humano. Si quieres establecer límites, deberes, derechos y beneficios, explica el porqué y el para qué ¿no te gustaría que hicieran lo mismo contigo? ¡ponte en sus zapatos! sugiere alternativas, dialoga el manejo de tiempos, evita al máximo la imposición de límites autoritarios desprovistos de explicación (el famoso “es así porque yo lo digo”). Hazles saber cuánto comprendes su sentir, o su molestia frente a algún límite, norma, o deber. Háblales de tu propio malestar frente a algunos límites en tu vida y de la forma en que lo has superado. Idea la manera de hacerles conscientes de tu compañía, tu presencia y tu amor para superar ese malestar.

Con relación particular al uso de las tecnologías, brinda la oportunidad de que ella/él establezca sus propios límites a raíz de su autopercepción en torno a la misma y valora positivamente su propuesta y su capacidad de cumplir esos límites auto-impuestos. Evita llenarlos de consejos, no porque no sean útiles, sino porque siempre van a pesar menos que una conclusión a la que ellos sientan que llegaron por ellos mismos (especialmente cuando salen de la primera infancia); puedes sí ayudarles a llegar a esas conclusiones a través de tu escucha y una que otra pregunta.

Te invitamos también a idear actividades o más valioso, a darles el derecho y el deber de proponer actividades por fuera de las pantallas para vivir en familia. Muéstrales que la diversión no solo está en las pantallas. Si no tienen estos espacios, empieza por los momentos de almuerzo y cena lejos de pantallas, vivan juntos la incomodidad del silencio (si es así), eso los llevará a forjar o reconstruir canales comunicativos quizás perdidos. ¿O por qué no hablar de tecnología en familia? ¿De esa App, de ese video, de ese TikTok que les pareció tan gracioso? Este tipo de interacciones fortalecen bastante su sentido crítico frente a los contenidos de la tecnología, y así abonas terreno para que disminuyan su consumo de contenidos poco constructivos o saludables.

Consume contenido digital en compañía de tu hijo/a. Eso te ayudará a comprender por qué es tan llamativo y en lugar de juzgarlos por esa preferencia, acercarte a ellos en ese mundo. Valora y acepta sus opiniones, discútelas y convérsalas si así lo sientes, pero no las menosprecies. No ataques desde afuera y desde el desconocimiento; acércate, indaga, dialoga, muchos esperan esa mirada paternal/maternal e incluso, formar su juicio de valor a partir de ello.

La revolución digital de la educación infantil a la que muchos hacen referencia, en particular en la actualidad, no debe hacernos olvidar de lo que cada uno de nosotros consideramos realmente importante en la educación. En este sentido, la propuesta de Carl Rogers concuerda con la del Colegio Montemorel: facilitar el desarrollo de mejores seres humanos por medio de un rico y benevolente ambiente relacional. RM

Referencias

 Bowles, N. (2018). A dark consensus about screens and kids begins to emerge in Silicon Valley. The New York Times26.

 Cerisola, A. (2017). Impacto negativo de los medios tecnológicos en el neurodesarrollo infantil. Pediátr. Panamá, 126-131.

 Rogers, C. (1961). El proceso de convertirse en persona. España: Editorial Paidós.

 Celis, A. (2006). Congruencia, integridad y transparencia. El legado de Carl Rogers. Polis. Revista Latinoamericana, (15).

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Ernesto Rivera Gonzalez

Ph.D. en Psicología. Psicoterapeuta, Investigador y Facilitador desde el Enfoque Centrado en la Persona.

Diego Pinzón Correa

Músico Pianista, Gestor de Innovación y fortalecimiento institucional, Director de Desarrollo Humano del Colegio Montemorel.

Juan David Pinzón Correa

Ph.D. en Administración, Investigador asociado de la Universidad Aix-Marsella. Gerente del Colegio Montemorel.

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