Edición 28Sostenibilidad

Liderando el cambio más allá de la sostenibilidad

En un momento crítico del planeta, en donde los cambios hechos por el hombre están afectando el balance de los sistemas de vida, la necesidad de acelerar el cambio de dirección es inminente.

Educadores como agentes de cambio hacia la regeneración del planeta.

En un momento crítico del planeta, en donde los cambios hechos por el hombre están afectando el balance de los sistemas de vida, la necesidad de acelerar el cambio de dirección es inminente. Los educadores tienen un rol fundamental como agentes de cambio para inspirar y acompañar a las nuevas generaciones en su construcción de un futuro regenerativo y próspero. Este potencial debe ser intencionalmente activado y puesto en marcha con urgencia.

El planeta y el futuro emergente

Vivimos en un planeta generoso y abundante que ha evolucionado por millones de años, en donde bailes mágicos de relaciones e interacciones permiten el funcionamiento de un complejo sistema que soporta la vida en el planeta. La capacidad de autorregulación y evolución colaborativa de la naturaleza generan un entorno próspero para la vida que depende de un balance permanente.

Al iniciar el año 2020, la humanidad enfrenta una gran cantidad de retos planetarios cuyo carácter ha venido transformándose en las últimas décadas. Hemos pasado de la era de problemas locales o regionales a la era de problemáticas globales, sistémicos. Vivimos en un sistema interconectado e interdependiente, sin embargo, actuamos como si todo estuviera desligado. Viéndolo desde otra perspectiva, vivimos en un mundo basado en relaciones, en donde estas se han quebrantado generando gran número de problemas. Las relaciones disfuncionales ocurren cuando no hay equilibrio y balance en la estructura de las mismas, no solo de manera individual (entre partes) sino también en la colectiva (entre comunidades). Si dividimos las relaciones del ser humano podemos decir que tenemos tres niveles: con nosotros mismos, con otros y con la naturaleza.

Los principales problemas en la biosfera están relacionados y se retroalimentan entre sí. En su mayoría derivan directamente como consecuencia de la actividad humana. Esta relación de causalidad ha llevado a denominar la era geológica actual como el antropoceno, o la era en que la mayor fuerza de cambio en el planeta es el ser humano. Si tomamos en cuenta los límites planetarios podemos destacar como principales problemas ambientales la pérdida de integridad en la biosfera, cambio climático, la pérdida en biodiversidad, la disrupción de los flujos bioquímicos (fósforo y nitrógeno) y los cambios (degradación) en los sistemas terrestres y acuáticos.

Estamos parados en lo que algunos académicos han llamado la puerta del colapso. Más que un momento apocalíptico, es un momento de cambio acelerado, el cual puede tomar varios rumbos dependiendo de cómo actuemos los seres humanos en las próximas dos décadas, las decisiones que tomemos como individuos y como colectivos (ciudades, países, continentes, etc.) y la capacidad de adaptación y regeneración de los sistemas de vida en el planeta. Como educadores es fundamental que entendamos el predicamento y cómo podemos ser agentes que moldean las capacidades innovadoras de cambio en estudiantes de todas las edades para tomar el camino adecuado. Debemos poder proyectar las tendencias actuales y encontrar los puntos de inflexión más significativos para virar la dirección actual y cambiarla hacia un futuro diferente.

Para poder ser agentes de cambio debemos comenzar a mirar de forma más holística el rol del ser humano en el planeta, reconocer, procesar y aceptar los potenciales impactos generados por nuestros estilos de vida y sus consecuencias actuales y futuras. A partir de esto debemos iniciar un proceso de adaptación profunda que nos permita atravesar el miedo, el dolor y la incertidumbre asociada con la amenaza del colapso actual, hacia la (re)construcción de un futuro mejor para todos los seres vivos del planeta y, por ende, para los seres humanos.

Considerando la complejidad de las escalas de cambio desde lo planetario (biosfera) hasta la individual es difícil poder imaginar y proyectar una línea que nos ilustre con claridad cómo es el camino y que nos espera. Nos enfrentamos a un futuro incierto, un momento de cambios emergentes, lo cual genera un sinnúmero de oportunidades y posibilidades. Es clave que como educadores estemos atentos a lo que “emerge”, ya que ahí estará la oportunidad de innovación y nuestra capacidad para corregir el camino más allá de la sostenibilidad, hacia la regeneración del planeta (el suelo, los ecosistemas, la economía, las sociedades).

En 1887 pensadores del mundo conformaron l Comisión de Brundlant y se definió “el desarrollo sostenible” como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. Identificando la necesidad e importancia de generar cambios, el concepto fue introducido como un enfoque clave para el planeta por Naciones Unidas en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992. En este momento la alerta de la pérdida de biodiversidad, el calentamiento global y otros impactos sistémicos ya estaba sobre la mesa de los tomadores de decisiones. El mundo fue muy poco efectivo apropiándose del llamado y aplicándolo al modelo de desarrollo predominante. En 2015, casi veinticinco años después, se establecieron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas en 193 países miembros de Naciones Unidas, con el fin de activar la acción para enfrentar las problemáticas que cada vez se volvían más serias y ya mostraban efectos sistémicos sobre la biosfera.

Desafortunadamente, después de más de 30 años desde que se comenzó a hablar de la necesidad del cambio hacia la sostenibilidad, esta se quedó corta y los sistemas de vida fundamentales no han sanado sino, por el contrario, están en crisis. Es urgente activar procesos para sanar la Tierra y sus sistemas. Debemos transitar más allá de la sostenibilidad hacia modelos de desarrollo regenerativos que buscan, no solo centrarse en satisfacer las necesidades presentes y futuras del ser humano, sino activar socioecosistemas que tengan la capacidad de regenerar los sistemas de vida y prosperar en la abundancia y la colaboración.

En este proceso de transición, debemos buscar direcciones comunes para el cambio en donde todos encontremos puntos de convergencia. Una posibilidad es pensar en un norte común que busque armonizar el bienestar de todas sus partes, de sus relaciones y del sistema en sí. Este norte lo podríamos enmarcar en el bienestar universal (yo, comunidad, naturaleza). Asegurar que todos los seres humanos estemos alineados, moviéndonos en esta dirección garantiza que sea posible imaginar el cambio hacia una realidad diferente.

Como educadores jugamos un papel fundamental en la tarea de alinear y activar la capacidad y la agencia de cambio en la sociedad. Día a día, el educador construye las condiciones necesarias que permiten a los estudiantes aprender a visionar y construir el futuro. Los estudiantes a su vez influyen y guían a sus padres y familiares en el proceso de transición de estilos de vida y marcos de pensamiento. El impacto de la educación en el proceso de generar cambios es indiscutible aunque muchas veces ignorado.

Considerando el avance de la urbanización en el planeta y especialmente en América latina, donde es uno de los más altos con 80% (BID 2019), la población está cada vez más alejada de la naturaleza y de la capacidad para entrar en contacto con los procesos naturales y, por ende, más alejada de vivir experiencias significativas en contacto con ella y entender vivencialmente las dinámicas de los sistemas de vida de una forma holística.

Debemos transformar la educación de salón, incorporando la generación de “experiencias de aprendizaje” que permitan conectar los fragmentos de conocimiento, que usualmente se imparten de forma separada en clases, hacia una experiencia integral de reconexión y aprendizaje sistémico.

La educación basada en naturaleza es el conjunto de entornos, procesos, enfoques y destrezas requeridos para incorporar la naturaleza y los sistemas de vida como actores centrales (objeto y sujeto) en la experiencia de aprendizaje.

Es fundamental comenzar a romper las barreras del salón y liberar la diversidad de entornos de aprendizaje disponibles a los maestros y estudiantes, al igual que fortalecer en los educadores las destrezas necesarias para trabajar en entornos naturales de forma segura y positiva. Este proceso no es sencillo y existen barreras de acceso en muchas comunidades urbanas, sea por distancia y acceso, por recursos económicos o por seguridad. Este es un proceso de transición por lo que debemos comenzar a generar cambios habilitantes en dos aspectos: los entornos de aprendizaje (infraestructura y escenarios) y los facilitadores del aprendizaje (maestros y educadores).

Los entornos de aprendizaje

Los salones de clase y la infraestructura de las instituciones educativas, muchas veces amplifican la desconexión con la naturaleza y los sistemas de vida ya que separan al estudiante y al maestro del contexto natural limitando su capacidad de incorporar y generar conexiones significativas con la naturaleza que permitan establecer relaciones de bienestar entre el individuo y los sistemas naturales.

El primer paso está en comenzar a crear espacios naturalizados de aprendizaje en los salones y en las escuelas en donde se pueda contextualizar y enmarcar la experiencia de aprendizaje. Este proceso incluye incorporar procesos del sistema de vida al contacto permanente del estudiante. Plantas, huertas, paredes verdes, imágenes de paisajes inspiradores y elementos naturales, configuración de los puestos de trabajo en configuraciones orgánicas y el uso de metáforas de los flujos y relaciones existentes en los ecosistemas prósperos de la naturaleza en el salón. También se puede comenzar a naturalizar la infraestructura de la escuela y algunos espacios de juego y reunión. No basta con la naturalización, es clave involucrar al estudiante en el proceso y relacionar el aprendizaje a los componentes naturales que se incorporan.

Como segundo paso se pueden comenzar a utilizar entornos naturales urbanos como entornos de aprendizaje, puede ser habilitando espacios de aprendizaje al aire libre en el colegio y ambientándolos con árboles nativos y otra vegetación, que puedan atraer aves y otras especies, y crear pequeños hábitats urbanos. Hacer alianzas con las alcaldías y juntas de barrio para crear en los parques locales entornos seguros como complemento a las escuelas que no tienen zonas verdes, hacer convenios con otros colegios que tengan áreas naturales para compartir y con instituciones que tengan acceso a espacios naturales. Como parte de las acciones es clave comenzar a tejer un entorno de aprendizaje más amplio que el de la escuela, que articule con la comunidad y los espacios naturales urbanos.

Por último, se pueden comenzar a incluir entornos silvestres de aprendizaje en donde la experiencia sea directa e inmersa, en el aula máxima de la naturaleza. Utilizar como aulas las áreas protegidas locales, regionales y nacionales. A medida que alejamos los procesos del salón, cada tipo de entorno requiere mayor conocimiento y apropiación de destrezas específicas por parte de los educadores para crear experiencias seguras y significativas. Estas destrezas incluyen entre otras, pedagogías de educación al aire libre y educación experiencial, manejo de grupos, administración de riesgos, primeros auxilios y destrezas al aire libre.

Es importante resaltar que en ningún momento estamos mencionando estos entornos como exclusivos para una u otra asignatura, sino que entendemos que la naturaleza se convierte en el escenario para el aprendizaje transversal. En una misma escena de aprendizaje se pueden vivir múltiples experiencias: un proceso de observación que aporta datos para ciencias; hacer observaciones de matemáticas; la experiencia del descubrimiento se expresa a través de un cuento; el sentir del entorno natural, la luz, las emociones se comparten a través del arte o la poesía; y la experiencia de grupo que fortalece el liderazgo y permite discutir sobre acuerdos sociales.

Los facilitadores del aprendizaje

Aunque el entorno de aprendizaje es fundamental, sin un educador que pueda acompañar y guiar la experiencia de aprendizaje, el entorno tiene un potencial limitado. Considero que existen cuatro aspectos claves para activar la agencia de cambio desde el maestro: autoconocimiento, propósito claro, coherencia y compromiso.

La efectividad del maestro como un catalizador para el cambio en lo ambiental, comienza con el autoconocimiento y la experiencia personal que lo lleva a “sentirse naturaleza”. Este es un proceso de reflexión profunda y reconexión con la Tierra, con otros y consigo mismo, que le permite al educador traer a la conciencia el estado de sus relaciones y fortalecer los vínculos debilitados en su capacidad de sentirse parte del sistema de vida en el planeta, con sus interconexiones e interdependencias, y amplificando su capacidad empática.

Tener un propósito inquebrantable como agente de cambio permite al maestro mantenerse en el camino y aprender constantemente, fortalecer con cada experiencia sus capacidades y cualidades liderando e inspirando el cambio en sus estudiantes y en su entorno.

Uno de los factores más poderosos de los agentes de cambio es su coherencia o capacidad de “ser el cambio que quieren ver en el mundo”. Esto requiere que no solo se predique o enseñe, sino que también se demuestre el proceso y la dirección de cambio con acciones, con el ejemplo. Para ser genuinos en este proceso es necesario que cada maestro inicie la travesía interna de autoconocimiento y cambio como lo mencioné. La capacidad de generar relaciones significativas entre el maestro y el estudiante es fundamental, para favorecer una confianza entre los dos que invite al estudiante a cuestionar profundamente y a atreverse a imaginar nuevas versiones del mundo. La coherencia del educador (entre el ser y el hacer) valida y refuerza la credibilidad en el mensaje e inspira al estudiante.

El compromiso personal con el proceso de transformación de los modelos mentales y las estructuras culturales propias siguiendo principios regenerativos cohesiona el autoconocimiento, el propósito y la coherencia, y le da al maestro la capacidad de ser el cambio que está inspirando.

En este camino, el proceso de crecimiento continuo del educador como persona le demanda retarse constantemente, reconociendo las creencias limitantes y rompiendo paradigmas permanentemente, lo cual no es un proceso sencillo. Fortalecer el carácter y algunas cualidades del educador ayuda mucho en este emprendimiento. Algunos aspectos que apoyan el proceso son:

Mantener el rumbo y el movimiento hacia la sostenibilidad: es claro que aun si quisiéramos ser 100% sostenibles, esta es una meta imposible de lograr en la mayoría de sitios del mundo. La estrategia clave es siempre estar en movimiento hacia un estilo de vida consciente y más responsable. Aceptar vivir en medio de las contradicciones de nuestro tiempo, mientras se rompen hábitos y paradigmas es reconocer que el cambio es un proceso de transición de un estado a otro. Es un proceso que tiene dirección y comienzo, pero no tiene final, y que podemos acelerar intencionalmente.

“La efectividad del maestro como un catalizador para el cambio en lo ambiental, comienza con el autoconocimiento y la experiencia personal”.

Enfoque holístico: ampliar la capacidad para tejer conexiones entre las diferentes áreas del conocimiento y generar pertinencia del aprendizaje en su aplicación, no solo en la vida cotidiana sino también en la construcción de una visión de mundo integral, que permita volver conscientes las relaciones (en sus tres niveles) y entender las capacidades regenerativas o degenerativas de estas.

Ser propositivo y proactivo: Buscar activamente emprender procesos de transición y explorar las preguntas profundas y comenzar a hacer cambios en todos los contextos (personal, familiar, trabajo, etc.), que permitan emerger nuevas ideas y enfoques.

Ser relacionable: desarrollar la capacidad de establecer relaciones significativas con los estudiantes y generar la confianza para que puedan caminar juntos en el proceso de descubrimiento y aprendizaje. Utilizar varios niveles y estilos de lenguaje que les permitan relacionarse con cada estudiante durante los procesos de cambio y adaptarse al nivel y momento de cada uno.

Ser consciente de su conexión: permanentemente estar consciente y observando el estado de su conexión consigo mismo, con otros y con la naturaleza. Estar atento a qué tan sólidos están los enlaces, cuáles están debilitándose y fortaleciéndose y por qué, al igual que cuáles son las cosas que nos conectan y desconectan del propósito.

Ser presente, abierto, consciente de sí mismo, empático, y respetuoso: fortalecer el carácter continuamente para poder ser dueño de sí mismo y desarrollar las capacidades de cambio hacia lo nuevo de una forma que sienta y respete profundamente a los otros (humanos y no humanos). Esto permite fortalecer la capacidad para guiar y facilitar las experiencias de aprendizaje.

Adaptable, curioso y con mentalidad de crecimiento: participar activamente como agente de cambio exige estar listo para rediseñarse permanentemente. Adaptarse a nuevos conocimientos y experiencias, y atreverse a explorar más allá de la zona de confort establecida.

Recursivo, creativo y juguetón: aunque el cambio es un tema serio, a este debemos aproximarnos con creatividad y espíritu de juego, lo que proporciona la libertad para no tomarse todo de forma muy seria y contenida, y permitirse algo de “locura” creativa.

Pensamientos finales

En este momento del planeta, los educadores juegan un papel fundamental como agentes positivos de cambio. Para activarse, el maestro debe asumir su rol desde el Ser. A partir de su proceso de cambio y despertar personal, debe alinear también su Hacer para así modelar los procesos y conceptos que busca compartir con los estudiantes. Romper la predominancia del Ego y comenzar a sentir, comprender y vivir el mundo desde su participación activa interconectada e interdependiente (holística) con todos los otros seres vivos del planeta (re)integrándose al sistema de vida, el.

El rumbo que tomemos en el proceso de cambio está definido por el propósito mayor que escojamos y es determinante. Es la guía que tenemos al caminar y transformar las realidades individuales y colectivas en una dirección específica. Este propósito mayor o norte debe contemplar, más allá de la sostenibilidad, los principios del desarrollo regenerativo y aproximarse a los cambios desde una visión sistémica e incluyente, de toda la vida compartiendo la biosfera.

La educación para la sostenibilidad puede y debe apropiarse de esta visión sistémica hacia la regeneración del planeta. Un camino es incorporar en los procesos educativos enfoques de educación basada en naturaleza y la creación de experiencias de aprendizaje que involucren al estudiante directamente en la formación de relaciones basadas en respeto y empatía consigo mismo, con otros y con la naturaleza.

No podemos seguir esperando para cambiar ya que el tiempo se acaba, es importante impulsar el cambio desde ya. Es el momento para que cada maestro active su liderazgo interior y sea un agente de cambio. RM

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Luis Alberto Camargo

"Fundador y Director de OpEPA. Co-Fundador del Weaving Lab. Reconocido por su trabajo en educación ambiental como Fellow de Ashoka, Joven Líder Global (Foro Económico Mundial), Climate Reality leader, Global Change Leader y NOLS Achievement Award 2011 entre otros."

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