ContextoEdición 28

Herramientas y actitudes para el éxito 4.0

La tecnología transforma la realidad de forma permanente. Y si optamos por cerrar los ojos, estaremos indefensos como unas marionetas en manos de los acontecimientos. Por eso, cuanto antes tomemos consciencia de que la sociedad ha cambiado y seguirá haciéndolo, mucho mejor. Porque a partir de ahí, será posible adaptar el sistema educativo a la nueva realidad y preparar futuros profesionales capaces de minimizar el lado negativo y aprovechar las múltiples ventajas para ser mejores y más felices.

En este artículo, el objetivo es acercarse a la mirilla para observar cómo ha cambiado la vida desde que la Cuarta Revolución Industrial, también llamada 4.0, llegó para quedarse y descubrir qué habilidades y actitudes son necesarias para sacarle el máximo beneficio.

Al hablar de Cuarta Revolución Industrial hacemos referencia a una transformación basada en la convergencia de distintas tecnologías digitales, físicas y biológicas y en su rápida difusión a nivel planetario. Es, en definitiva, la integración de los robots, la inteligencia artificial, la nanotecnología, la neurotecnología, la biotecnología, el sistema de almacenamiento de energía, los drones o las impresoras 3D en nuestras vidas. Unos avances que suponen la automatización absoluta de la producción y que tendrá muchas y variadas consecuencias.

En el siglo XXI, las empresas se mueven en un entorno VUCA, acrónimo en inglés de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. Un término del ejército norteamericano, acuñado por primera vez en los años noventa, para referirse a la inestabilidad de los distintos escenarios tras la Guerra Fría. Y que ahora, el mundo empresarial ha adoptado para referirse al contexto dinámico y caótico de la nueva era.

Como consecuencia de este entorno VUCA, el panorama laboral se caracteriza por la dificultad para tomar decisiones siguiendo los parámetros tradicionales basados en la previsión o la experiencia anterior. Por tanto, se trata de un recién estrenado mundo que, para unos es devastador y para otros está lleno de oportunidades. Todo depende de si se conocen o no las nuevas reglas del juego.

De hecho, se prevé que para el año 2030, más de 2.000 millones de trabajos habrán desaparecido. Una teoría que supone que casi la mitad de los empleos pueden considerarse de alto riesgo de ser automatizados en la próxima década.

La tecnología transformará por completo el empleo y las relaciones laborales y, como consecuencia, se generarán grandes oportunidades para aquellos profesionales preparados para la era digital.

Herramientas 4.0

En un entorno VUCA, el mercado necesita trabajadores capaces de responder a los nuevos retos. Por eso, es esencial que el sistema educativo forme en las 5 habilidades claves del profesional 4.0:

  1. Inteligencia emocional. Es la capacidad de las personas para regular las emociones propias y ajenas. Una habilidad que determinará el grado de empatía, automotivación o liderazgo del trabajador y que, por tanto, será clave en este siglo.
  2. Conocimiento digital. La llegada de la tecnología a todos los sectores requiere profesionales formados en su uso. Saber manejar el computador y las redes sociales será imprescindible para cualquier trabajador, con independencia de su cargo.
  3. Habilidades comunicativas. Ya no vale con tener talento, es esencial saber comunicarlo. Y para ello, los trabajadores deberán ser diestros en el manejo tanto del lenguaje verbal como del no verbal (voz, mirada, gestos, postura y movimiento de cuerpo, manos, piernas …).
  4. Marca personal. Dejar un recuerdo positivo en la mente de los demás será la mejor manera de conseguir grandes retos laborales.
  5. Creatividad. La mentalidad disruptiva, independiente e inconformista con las normas es la que puede traer grandes oportunidades a la empresa.
Foto: Patricia Bondia

“En un entorno VUCA, el mercado necesita trabajadores capaces de responder a los nuevos retos”.

Pero además de estas habilidades, los profesionales más exitosos serán aquellos capaces de desarrollar una actitud positiva y abierta al cambio.

La fórmula boom de la actitud positiva

En este sentido, para el prestigioso psicólogo Martin Seligman, aquella persona que percibe la vida en su globalidad, con sus problemas y sus oportunidades, es un optimista realista. Hombres y mujeres que disfrutan con intensidad de lo bueno, buscan alternativas de solución a los problemas y miran con responsabilidad hacia adelante. Una actitud imprescindible en la era de la incertidumbre.

Por eso, el sistema educativo debe apostar por el desarrollo de este optimismo realista a partir de los cuatro pasos que implica la fórmula “BOOM”:

  • Busca tu pasión. Los alumnos deben invertir el tiempo que sea necesario en encontrar qué es aquello que les apasiona. En primer lugar, porque cuando nos gusta lo que hacemos lo convertimos en un motor de crecimiento y disfrute. En segundo lugar, porque las personas que se dedican a lo que aman tienen un lenguaje no verbal (gestos, mirada, tono de voz…) que seduce a los demás. Surge la conexión con el entorno. Y cuando esto ocurre de forma automática se genera confianza, respeto e incluso admiración. Entonces, las relaciones personales y profesionales son profundas, sanas y fructíferas.
Foto: Patricia Bondia
  • Omite límites. Muchas veces, nosotros mismos somos nuestros principales boicoteadores. Son las creencias y temores almacenados los que, como un murmullo ensordecedor, nos dicen “no puedo”, “no voy a conseguirlo” y, a pesar de que no tienen una base real, optamos por doblegarnos a ellos y darles la victoria. Frenamos toda capacidad de volar.

Las creencias son ideas preconcebidas sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos limitan o nos potencian. Gran parte de ellas se gestan en la infancia y nos acompañan el resto de nuestra vida. Algunas las creamos nosotros como resultado de una percepción sesgada de la realidad y otras muchas surgen a raíz de comentarios de terceras personas que son influyentes para nosotros (padres, abuelos, profesores, entrenadores…). En este sentido, los docentes deben ser conscientes de la responsabilidad de sus palabras y de cómo estas crean realidades.

Pero ¿cómo se pueden manejar en el aula estas creencias limitantes? Un ejercicio sencillo y muy potente que podemos enseñar a los alumnos desde bien pequeños es la visualización. Una técnica de la PNL (Programación Neurolingüística) que ayuda a desarmar este tipo de ideas y entrena la mente para el logro de los objetivos. Y es tan sencilla como cerrar los ojos e imaginar con el mayor realismo posible cómo sería tu vida si consiguieras ese sueño que anhelas. Cómo te sentirías, qué escucharías, qué verías, qué olerías… De esta manera, el cerebro de los alumnos se estará entrenando para alcanzar aquello que desean y, cuando la oportunidad pase por delante de ellos, serán avispados para atraparla.

Sin embargo, otras veces, los límites vienen de los demás. Personas que usan frases como eso es muy difícil, no lo vas a conseguir… y nos convencen de dejar a un lado nuestros sueños. Ante esta situación, lo mejor es incentivar a los estudiantes a rodearse de “personas pilas”, esas llenas de “buena vibra” que, con su ejemplo o sus acciones, nos impulsan en el camino.

  • Olvida el confort. Cultivar una actitud positiva requiere tener un nivel alto de energía. La pasividad entumece las habilidades, debilita nuestra motivación y nos aleja de nuestros sueños. Cuanto menos hacemos, menos nos apetece hacer; estamos desentrenados. Lo mismo que ocurre con el deporte.Por eso, si queremos que los alumnos aumenten su energía positiva debemos fomentar su curiosidad y pasión por embarcarse en nuevos retos. Hacerlo ampliará sus horizontes, activará sus habilidades y les hará sentir empoderados. Se puede empezar por pequeños objetivos que, a medida que logren cumplirlos, les harán sentir más fuertes y capaces. Y una vez, tengan la semilla de la acción en su interior, los objetivos irán creciendo a la par que sus capacidades para alcanzarlos.
  • Marca la diferencia. Promover entre los estudiantes la importancia de tener referentes en los que inspirarse y tomar ideas de otros es la manera natural de aprender, crecer y mejorar. Sin embargo, es recomendable fomentar principalmente la importancia de compartir con el mundo la esencia de cada uno. Porque al final es eso lo que les hará brillar.

En este nuevo mundo tan impredecible, en la mayor parte de las ocasiones, no se podrán escoger los acontecimientos que nos suceden, pero siempre será posible elegir la actitud con la que los afrontamos. Y esta determinará en parte nuestra capacidad para alcanzar el éxito y la felicidad.

¿Qué es el éxito?

Para cada persona la palabra “éxito” tendrá una definición distinta. De hecho, el éxito no siempre es sinónimo de felicidad. Son muchos los ejemplos de personas que, a pesar de tener todo aquello que socialmente se considera valioso, no están satisfechas con su vida. Éste es un fenómeno vigente en el tiempo y a nivel global.

Por ello, hay que apuntar que existen los dos tipos de triunfos: el que nos vacía y el que nos enriquece. El objetivo con el que escribo este texto es dar herramientas para educar en el segundo; ese éxito que nos hace brillar por fuera y por dentro. El que suma y el que integra. En definitiva, el que nos permite ser nosotros mismos y obtener una recompensa por ello.

Las claves de una educación orientada a un éxito saludable son las siguientes:

  • Buscar la realización personal. Por lo general, las personas que se conocen bien a sí mismas y descubren cuál es su misión vital tenderán a vivir el éxito como una forma de crecimiento personal. De esta manera, llegar a la cumbre será el resultado del esfuerzo, la autoestima, la determinación… y, por tanto, se vivirá con una gran satisfacción.
  • Marcar tiempos realistas para cada meta. El éxito constructivo y enriquecedor es aquel que se va labrando con paciencia y tranquilidad. Además, es el fruto tanto de los pequeños logros alcanzados como también de los fracasos que han existido por el camino; sin estos no se hubieran aprendido las lecciones necesarias para lograr la meta. Más allá de alcanzar un objetivo, el sentimiento de satisfacción se logra cuando la persona sabe que hizo todo lo que estaba en su mano para lograrlo.
  • Aprender a decir adiós. Para saber vivir el éxito de una forma saludable hay que saber cuándo ha llegado el momento de despedirse de una meta. En ocasiones, será un “hasta luego” y otras veces será un “adiós” pero hay que saber resetear.
  • Vivir el fracaso como parte de la victoria. No hay que tener miedo a equivocarse ya que esta emoción debilita la autoestima y genera ansiedad. La consecución del éxito no se produce sin esfuerzo. Es más, suele ser preciso más de un fracaso para lograr la meta. Educar en competencias emocionales como el autoconocimiento, el autocontrol o la capacidad de motivación serán de gran utilidad para hacer frente al binomio éxito-fracaso, aprender de los errores o reinyectarse confianza para lograr nuevos propósitos. También, es esencial para tomar en su justa medida el éxito, observarlo con cierta distancia y no dejarse embargar por emociones excesivas.
  • Renovar las metas y disfrutar del camino. En la esencia del ser humano está la semilla de la superación. Y una vez alcanzado el éxito, la propia naturaleza buscará otros retos para dar sentido a su existencia. Por ello, si queremos encontrar el equilibrio en este camino será clave aprender a disfrutar de cada paso y cada pequeño éxito. Cada día, se producen mini-victorias y mini-fracasos que van sacudiendo de forma positiva o negativa nuestro estado de ánimo y que, al final, determinan el mayor o menor éxito de una trayectoria global.

El poder, la fama o el dinero no son aspectos buenos ni malos en sí mismos, sino que esto depende del uso que haga la persona de ellos. De hecho, hay muchas personas que son muy felices por haber llegado a donde están, en parte porque viven el éxito como una fuente de realización personal y de servicio a los demás. Sin embargo, esto no es fácil y requiere de una gran madurez y estabilidad emocional.

Si queremos una sociedad más feliz y un éxito más humano, será imprescindible invertir en una educación adaptada a los nuevos tiempos. Solo de esta manera, podremos interiorizar que las metas deben ser distintas para cada persona y que la satisfacción está en el desarrollo personal que experimentamos en el camino hasta llegar a ese éxito. RM

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Ami Bondía

Conferencista y formadora. Doctora en Comunicación, especializada en Era Digital y Nuevas Habilidades. Autora de los libros "Mundo de Valientes" y "Un café con Chan" .Colabora: TVE y El País.

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