DidácticaEdición 20

Caperucita Roja: un cuento, innumerables adaptaciones

Teresa Santa María, Concepción Jiménez y Elena Martínez Carro, cuentan la historia de Caperucita Roja. Pero no como el cuento tradicional, sino cómo nació el cuento desde sus inicios narrados y cómo poco a poco se fue modificando de su versión original hasta llegar a la historia que conocemos el día de hoy. Este interesante relato evidencia cómo un cuento macabro para adultos se convirtió en una historia de literatura infantil con una importante moraleja.

 

 

La famosa historia de Caperucita Roja es un ejemplo claro de cómo un relato de la tradición oral y proveniente de fuentes populares continúa vigente hasta nuestros días. Sus adaptaciones se van amoldando a otros formatos –videos, películas, cómics–, pero mantienen siempre las características que lo convierten en un relato clásico universal.

 

1 “Érase una vez un cuento constantemente adaptado”

Si tuviéramos que destacar uno de los cuentos más populares y conocidos en el mundo, encontraríamos el de Caperucita Roja en uno de los puestos preferentes. Su historia coincide con la de otros relatos clásicos. En este caso partimos de una versión oral medieval que se ha podido registrar en Italia bajo el título de La finta nonna (La falsa abuela) y que recogió Ítalo Calvino en su Fiabe italiane 2 y de la leyenda situada en los Alpes franceses. En estas dos versiones del relato, cuyo origen filogénico se ha situado en Euroasia (Therani, 2013), nos encontramos ante un cuento erótico, escatológico y macabro, pues en ambas la anciana es asesinada por el lobo –la Orca en la versión italiana–, la niña se acuesta en la cama junto al lobo y el bosque aparece como espacio inseguro y lleno de peligros. Será Charles Perrault quien recoja la historia oral por primera vez y la ponga por escrito, consolidando la imagen y el título de Le Petit Chaperon Rouge, con el que la incluye en Histoires et contes du temps passé, avec des moralités. Contes de ma mère l’Oye (Historias y cuentos del pasado con moralejas. Cuentos de mi madre la Oca) en 1697.

Además, le añade una moraleja al final que ha condicionado la lectura de este cuento como aviso contra los desconocidos: “La niña bonita / la que no lo sea / que a todas alcanza / esta moraleja, / mucho miedo, mucho, / al lobo le tenga, / que a veces es joven / de buena presencia, / de palabras dulces, / de grandes promesas, / tan pronto olvidadas / como fueron hechas”.

Resulta interesante observar cómo Caperucita Roja se transforma en un cuento destinado a un público más bien juvenil en esa versión escrita de Perrault y en la posterior de los Hermanos Grimm (1812), quienes la recogen dentro de un recopilatorio titulado significativamente Cuentos de la infancia y el hogar 4 , en el que añaden la figura del cazador, que ya había incluido Ludwig Tieck en su versión teatral de 1800 sobre el cuento, Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie (“Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja. Una tragedia”). Sin duda, y con todo lo expuesto hasta ahora, se puede afirmar que el cuento de Caperucita Roja cumple con todo rigor las características que la profesora Jiménez ha establecido para los clásicos infantiles y juveniles (Jiménez, 2015, pp. 112-113).

Por otro lado, de la misma manera que de la versión oral hemos pasado a una versión escrita que será leída o contada en voz alta y recreada en diferentes formatos, también en los dos últimos siglos la protagonista ha vuelto a ser objeto de interés y atención por parte de los adultos, aunque mantenga su importancia en la órbita de la literatura infantil y juvenil.

2 “Erase una vez una niña a la que todos llamaban Caperucita Roja”

La historia de Caperucita Roja ha dejado una gran huella no solo escrita sino también de forma pictórica, sobre todo en el siglo XIX. Ejemplos de estas manifestaciones pueden ser las ilustraciones de Gustave Doré, Karl Offterdinger y Walter Crane o los cuadros de Fleury François Richard y Albert Anker.

Por esta razón el cuento se convierte en todo un referente iconográfico que no ha necesitado de ninguna película de dibujos animados posterior de la Factoría Disney para caracterizar y otorgar un color determinado al vestuario de su protagonista. Se puede decir que Caperucita es una joven que se ha desenvuelto sola y que ha florecido no solo en diferentes versiones literarias sino también lúdicas a lo largo de varios siglos. Pero si de la versión oral se pasó a la escrita, tanto la protagonista como el espacio del bosque o los otros personajes que conforman el relato han sido también objeto de todo tipo de adaptaciones. Con ello observamos nuevamente las posibilidades que ofrece la historia para seguir siendo un cuento clásico de la literatura infantil y juvenil o bien, para volver a las interpretaciones adultas –y adolescentes– en la que fue gestado.

2.1 Otras versiones literarias de los siglos XX-XXI

A lo largo de estos dos últimos siglos, la historia y la épica de Caperucita ha sido adaptada innumerables veces para teatros escolares –como la versión que podemos consultar de Fransciso Javier Bernard Morales 6 – y ha merecido diferentes poemas en lengua española: Caperucita encarnada del español Francisco Villaespesa, Caperucita roja de la chilena Gabriela Mistral y Caperucita roja que se nos fue del argentino Evaristo Carriego. Y tanto las puestas en escena del popular relato como el poema de Evaristo Carriego han servido para trabajar la lengua en diferentes niveles y con diversas propuestas didácticas 7 por la gran capacidad evocadora del relato en sí y porque su historia resulta conocida en casi cualquier país o lengua.

También nos encontramos con cuentos que han elaborado autores posteriores, bien en actualizaciones del contenido a una época moderna, bien para utilizar el relato de fama mundial para diversas propuestas didácticas. Si nos atenemos al contenido, observamos, por citar solo algunos ejemplos, que en Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite (1990), Bonezinho Vermelho e a internet no século XXI, de Ivone Gomes de Assis (2005) o en La niña de rojo de Aaron Frish (2013), se percibe un aire moderno del relato que serviría para alertar a las jóvenes adolescentes de los peligros de la sociedad actual. Ya no estamos ante un cuento para niños, sino una historia pensada para adolescentes a las que se intenta alertar sobre los peligros de las grandes urbes contemporáneas o sobre la aparición de un nuevo disfraz para los lobos contemporáneos: Internet y las redes sociales.

Estas nuevas versiones se dirigen a un público adolescente, que no olvidemos era al que iba destinada la de Perrault con su moraleja final, o presumiblemente la advertencia implícita del relato oral respecto a los peligros que acechan a las niñas tras llegar la menarquia. Respecto a las aplicaciones didácticas del cuento en su formato escrito, resulta indudable que las diferentes versiones que se pueden ofrecer en Internet –adaptadas o fieles a algunas de las versiones clásicas de Perrault o de los hermanos Grimm– son utilizadas como un recurso en el aula, permitiendo trabajar diferentes aspectos con alumnos tanto de preescolar como de primaria. Así, por ejemplo, se incluye en pictogramas; o se dota el texto de colores diferentes, según lo que cada personaje reproduce, facilitando la comprensión lectora en los niveles iniciales de adquisición de la lectura 12 . Pero también permite trabajar el mismo texto, en dos lenguas diferentes sobre un relato que es ampliamente conocido y posibilita “descifrar” mejor las palabras y significados en la lengua no materna.

Además, la estructura del relato, el espacio bien definido, su situación atemporal y los pocos, pero muy bien caracterizados personajes, permiten que puedan ser utilizados en el aula para volver a ser contados desde perspectivas y enfoques diferentes. Si ya los cuentos antes citados juegan con la nueva actualización en un espacio y tiempo diferentes, podemos traer aquí a colación el trabajo con los personajes. Por ejemplo, al ser cinco los más relevantes – Caperucita, abuelita, lobo, cazador y madre– caben en los dedos de una mano. Ese número, además, permite contar el cuento con títeres de dedo y de palo, pero también de mano o a través de un libro juego. Así mismo, la simplicidad del vestuario resulta también idónea para que puedan encontrarse en el mercado y los niños puedan disfrazarse, caracterizarse y jugar de forma simbólica.

Como ocurre con otros cuentos clásicos infantiles, tenemos la posibilidad de escuchar todo el relato en audiocuentos o por medio de una canción que incluya toda la historia en español. Pero también podemos oír o contemplar canciones y espectáculos en otras lenguas, y mostrar esa diversidad o uniformidad en la manera de cantar el cuento en otros países.

Por otro lado, pensar en otros finales, en los diferentes puntos de vista de los cinco personajes –o de otros inventados alrededor de ellos– resulta un ejercicio creativo y de competencia escrita que resulta gratificante en historias y relatos clásicos, pues todo el mundo conoce los elementos y la trama fundamental y se puede “desmontar” y volver a construir un nuevo relato por medio del humor o de dar la vuelta a la perspectiva y las consecuencias posteriores que los hechos narrados comportan. Surgen así historias diferentes a partir de preguntas como: ¿qué hubiera pasado si es el cazador y no el lobo el malo?, ¿es realmente Caperucita tan buena como parece?, ¿resulta tan inocente y pacífica la abuela como nos la pintan? Seguramente, solo se puede cambiar de perspectiva y modificar ciertos elementos de la trama y de los personajes si estamos ante un cuento tan conocido y universal como el de Caperucita.

También nos encontramos con otras adaptaciones que, en aras de evitar los detalles aún crueles del cuento, lo dulcifican o quitan. O bien, cambian el color de la caperuza para introducir un apartado que incida en algunos elementos que permitan trabajar otros valores o problemáticas, acordes con la sociedad actual (como ocurre con la utilización del Patito feo para hablar sobre la cuestión del acoso). En el caso de la Caperucita ese cambio de color de su indumentaria favorita ha sido utilizada para reflejar y explicar la diversidad de culturas pues existen caperuzas y niñas de otros colores.

2.2 Versiones irónicas y lúdicas

La popularidad con la que aún cuenta este cuento clásico no obedece solo a versiones que hayan realizado escritores de prestigio ni a las posibles adaptaciones didácticas que nos servirían para ir más allá de las cuestiones que tienen que ver con el placer de leer o escuchar. Y es que Caperucita Roja se ha adaptado muy bien a otros formatos nuevos y propios de la cultura de los siglos XX y XXI. Así, y como ejemplos, tenemos el cuento ilustrado para niños, que realizó el portugués Mauricio de Sousa o la versión para manga para adultos Tokyo Akazukin del japonés Benkyo Tamaoki.

El mismo espíritu cruel y combativo se observa en uno de los personajes del videojuego Darkstalkers (Vampire). Se trata del personaje de Baby Bonnie Hood, que fue diseñado por Yoshiki Okamoto, a partir del personaje de Caperucita Roja y que también ha pasado a cómic y a serie de dibujos animados. Además, encontramos canciones, musicales o incluso uno de los personajes protagonistas de un parque de atracciones holandés, Efteling, –inaugurado en los años cincuenta del pasado siglo– que cuenta en Caperucita con uno de sus principales reclamos publicitarios, como se puede ver en uno de sus videos.

Igualmente, podemos destacar –por este y otros muchos ejemplos–- el campo de la publicidad como uno de los que mejor y más ha utilizado la narrativa de la historia, argumento y personajes de Caperucita Roja. El hecho de constituir un relato clásico y universal, que todo el mundo conoce y puede evocar a partir de una sencilla capa o vestimenta roja posibilita tratamientos y destinos publicitarios muy diferentes. Al ya mítico anuncio en video de Chanel número 5 que nos dejaba imaginar que otra fue la auténtica historia de Caperucita y el lobo 23 , podemos añadir las carátulas de un vino que nos dan a entender también la ambivalencia o posibilidad de que la verdadera historia aún no nos ha sido contada. En este último caso, porque el lobo y Caperucita parecen ser un único personaje.

En otras ocasiones la simple imagen de un anuncio evoca un momento del cuento, interrumpido por razones de peso 25 ; los nuevos peligros que acechan a las caperucitas si el lobo no es otro que un conductor borracho 26 ; o la importancia de que algunas cuestiones como la existencia del bosque 27 y el color de la caperuza no cambien nunca.

Podríamos alegar muchas razones para comprender la riqueza evocadora que contiene este relato. Serían muchas las palabras que rememora en nuestra mente y en nuestras emociones: infancia perdida, momento dulce y placentero cuando lo oías de pequeño, miedo al no saber cuál será el desenlace para Caperucita y su abuela, incredulidad ante lo perverso que resulta el lobo o alegría cuando aparece, por fin, el cazador-salvador de la anciana y su nieta. Y entre todas ellas vibran las palabras y oraciones que sabemos de memoria, que no nos cansamos de repetir y que constituyen el placer de los cuentos y el placer de la lectura.

Indiscutiblemente, las nuevas narrativas han encontrado en el relato de Caperucita el material idóneo para mostrar sus propuestas. ¿Se puede explicar la historia a través de las TIC y con elementos e informaciones hipertextuales? Desde luego que sí, como lo demuestra alguna que otra versión digital del cuento, donde los detalles son explicados sobre la descripción clásica y lineal del relato clásico.

También el cine nos ha contado la historia de muy diversas maneras y para diferentes públicos. Películas como The Company of Wolves (En compañía de lobos), de 1984, y Hard Candy (Dulce venganza o Niña mala), de 2005 31 , pertenecen al género de terror y van destinadas a un público adulto. Por otro lado, encontramos versiones destinadas al público infantil, como pueden ser la de dibujos animados Hoodwinked Too! Hood vs. Evil (Las nuevas aventuras de Caperucita Roja), de 2005, y la de personajes de carne y hueso que ofrece Red Riding Hood, de 2011. En ellas, al igual que en el personaje de lobo-abuela que aparece en algunas de la serie de Shrek, o bien se moderniza a los personajes, en el caso de la primera citada; o bien se ofrece un punto de vista diferente respecto a los personajes que suelen confundirnos porque no siempre resultan malvados o tan buenos los que así lo parecen.

Con esa ambigüedad y deseo de sorprendernos con un detalle o final no esperado juegan también algunos desarrollos sobre Caperucita Roja que se incluyen dentro de una serie de televisión o de una película donde se versionan varios cuentos –a la vez o por separado–. De nuevo tenemos que distinguir entre las versiones que son pensadas para un público adolescente y adulto y para un público infantil. Entre las series de televisión tenemos la estadounidense Once upon a time (Érase una vez), que se emite desde 2011 hasta nuestros días. Dentro de esa doble visión de los relatos tradicionales, ubicados en un mundo irreal y atemporal y en la “realidad” actual del pueblo de Storybrooke (Maine), se incluye la historia de Rubí o Roja. Una vez más el cambio de perspectiva y posibilidad de que no sean bueno y malo quienes nos pueden parecer a simple vista dotan a la propuesta y al desenlace del cuento de una gran fuerza narrativa que permite volver a enganchar y emocionarse con la historia 35 . Y a esos mismos criterios obedece el capítulo sobre Caperucita Roja dentro de la serie española Cuéntame un cuento.

Por último, en la película basada en la obra musical Into the Woods (2014) se entremezclan varios relatos clásicos infantiles 38 –Cenicienta, Rapunzel, Jack y las habichuelas mágicas– con el de la propia Caperucita Roja. De todos ellos se ofrece una visión algo irónica y distanciada o se cambian algunos aspectos de la caracterización de los personajes, de la trama o del desenlace.

3 Cambios en los personajes y en la finalidad de los cuentos

A modo de conclusión, podemos comentar que el relato de Caperucita Roja ha gozado y goza de una duradera existencia. Mantiene su popularidad como relato clásico universal, que encandila en algunos aspectos a los niños, permite reflexionar a los adultos y puede llegar a aterrorizar a los adultos.

A lo largo de estos dos últimos siglos hemos comprobado que el cuento cobra nueva vida, adquiere nuevos formatos, cambia la perspectiva o punto de vista del que es narrado o transforma los roles tradicionalmente otorgados a sus personajes principales, ya que podemos encontrarnos en la actualidad con abuelas más activas o twitteras, menor autoritarismo por parte de los mayores, leñadores malos, lobos con piel de cordero o no tan feroces y caperucitas nada inocentes.

También este recorrido nos puede conducir a una pregunta final en el caso de que se aproveche la popularidad y estructura sencilla del relato para fines didácticos o actividades escolares: ¿qué prima ahora en el contenido de la adaptación? Porque resulta útil y ventajoso utilizar los cuentos y adaptaciones infantiles para enseñar a leer, a reconocer el estilo directo, a reflexionar sobre una serie de valores o utilizarlos directamente para hablar de acoso con El patito feo, comprender la crueldad del mundo de los adultos en Pulgarcito y Hansel y Gretel o alertar sobre los peligros que nos aguardan al abandonar la infancia. Hemos pasado de Caperucita moralizante sobre la obediencia y la libertad, la prevención contra los desconocidos, la importancia de la familia y la astucia a un abuso de su relato en aras de la eficacia didáctica o la construcción de la mente que comporta su uso: destrezas lingü.sticas, gestión de las emociones, seguridad y apego familiar, lo vivido y lo creído (la mentira y lo fantástico),espíritu crítico, inteligencia emocional.

Pero no podemos olvidar, como remarca la profesora Concepción Jiménez, que la fantasía resulta fundamental en la LIJ (Literatura infantil y juvenil) y que el lenguaje literario “debe despertar sensaciones y emociones, transformar al lector, evocar, cautivar a través de las palabras y frases bien construidas” (Jiménez 2005, pp. 143-144). Ahí radica la importancia de los cuentos, en ese poder evocador y fantasioso, en el gusto por la palabra leída, escrita y oída. No hagamos desaparecer a Caperucita Roja porque ya no nos resulte atractiva y emocionante su historia.

 

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Teresa Santa María, Concepción Jiménez y Elena Martínez Carro

Profesoras en grados y másteres en Didáctica de la Lengua Facultad Educación Universidad Internacional de La Rioja-UNIR, España; formación en didáctica y lenguaje.

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