Edición 28Educación del ser

Egoísmo: ¿Es o no un ingrediente que debes incluir en la “receta de paternidad”?

“Nadie ni nada pueden hacerte feliz. Solo tú puedes hacerte feliz a ti mismo”. Gerardo Schmedling

Como suena controversial sugerir la idea de incluir el egoísmo y hasta avalarlo dentro de nuestro rol como padres, se hace necesario hacer un par de precisiones para entrar en materia.

Aunque tengamos al egoísmo en la categoría de las ovejas negras de la familia, puede que no sea otra cosa que un incomprendido o mal interpretado —como suelen ser las llamadas ovejas negras en las familias.

El origen de la palabra egoísmo proviene del latín y está constituida por ego, que significa yo, y por el sufijo –ismo, que significa práctica, doctrina, actividad.

Así que una aproximación conceptual desde la etimología sería algo como:

Egoísmo es la práctica del yo.

¿Qué significa para ti practicar el yo?

El egoísmo, como la mayoría de conceptos y cosas que existen en el mundo, no tiene por qué ser necesariamente bueno o malo. Es solo que parte de factores asociados a nuestra crianza y sistemas de creencias, que nos mueven a juzgar y a etiquetar todo y a todos, la mayor parte del tiempo.

Si somos honestos y nos examinamos a consciencia, descubriremos que detrás de cada una de nuestras palabras y nuestros actos —por más desinteresados que parezcan—habita una intención de que nos sea devuelto, como mínimo, un poco de gratitud —esto también está relacionado con nuestra búsqueda de sentido de pertenencia y valía.

Y si bien es cierto que existe un egoísmo egocéntrico, por el que el individuo se preocupa y se ocupa de sí y solo de sí, también existen otros matices que vale la pena considerar al hablar de egoísmo.

Por un lado tenemos al egoísmo consciente, que nos invita a conectar con nuestro Ser, con nuestra esencia, con aquello que nos mueve. Esta práctica consciente del yo es un requisito básico para desarrollar nuestra identidad, alimentar nuestros pilares para mantenernos en equilibrio.

Esta práctica consciente del yo es un requisito básico para desarrollar nuestra identidad, alimentar nuestros pilares para mantenernos en equilibrio.

Y en el punto más alto tenemos al llamado egoísmo altruista, que puede ser la expresión más genuina de plenitud y bienestar interior, donde dejo de autosabotearme, de verme como víctima y decido asumir la vida con tranquilidad y proactividad, porque tengo posibilidades abundantes, creativas y contundentes de servir al mundo, aportando valor a la vida de la gente desde quien verdaderamente soy.

…la expresión más genuina de plenitud y bienestar interior… al asumir la vida con tranquilidad y proactividad, tengo posibilidades abundantes, creativas y contundentes de servir al mundo, aportando valor a la vida de la gente desde quien verdaderamente soy.

Este artículo surge pensando en dar respuesta a la pregunta: ¿cómo podemos transformar el mundo desde nuestro pedacito de mundo? Y mientras más exploro el tema, creo que quizá el acto más revolucionario que podríamos emprender para cambiar el mundo es: hacernos cargo de nosotros mismos.

Sí… HACERSE CARGO, con mayúsculas.

En nuestro mundo tan productivo y exigente, cada vez cobra más valor esta premisa para el trabajo en equipo: “Una de las mejores maneras de obtener grandes resultados en los equipos es que cada quien haga su parte con excelencia”. Esto es, que cada quien se haga cargo de lo suyo.

¿Y cómo nos llevamos todo esto a casa… qué tiene que ver con mi familia?

Como sociedad nos quejamos por la falta de empatía y colaboración sobretodo de los adolescentes y jóvenes, pero…

¿qué no hemos hecho más que darles todo —en el nombre del amor— sembrándoles el mensaje de que merecen todo y son los seres más importantes de la tierra, incluso aunque eso signifique renunciar a nosotros mismos?

Les hemos dicho que hay que pensar en los otros y en el mundo, tratando de arrastrar ese viejo y sabio —aunque trillado mensaje— de “no puedes amar a otros si no te amas primero a ti mismo (si no cuidas de ti mismo, si no estás bien, ¿cómo vas a dar lo mejor?, etc…)” pero…

¿somos coherentes al darles el ejemplo de amarlos a ellos más que a nosotros mismos; darles todo aunque eso signifique muchas veces sacrificar nuestro bienestar?

Qué tal si le damos cabida a un poco de egoísmo —aunque mal nos juzgue la sociedad—, para ocuparnos más de nosotros mismos… si nos hacemos lugar en nuestra propia vida y asumimos sin culpa que no siempre queremos jugar, o estar ahí, o invertir todo el fruto de nuestro trabajo en ellos, porque nosotros también lo valemos, lo merecemos, lo queremos y lo necesitamos…

¿Qué tal si les damos ejemplo de autocuidado, de amor propio, de carácter y de contribución al otro y empatía desde nuestro propio bienestar y equilibrio emocional, físico y mental… para poder apoyarles realmente, dar sin esperar o necesitar nada a cambio, para darles desde la abundancia y la plenitud?

“Vive sin culpa si trabajas mucho, siempre y cuando estés trabajando de manera consciente”.

Este momento del mundo exige trabajar en tus habilidades blandas para convertirte en un humano fuerte. Y eso no pasará si siempre papá y mamá están ahí para ir al rescate. Tampoco sucederá si cuando verdaderamente tengamos que estar a su lado para ser su soporte, estamos débiles, cansados o desconectados. Por eso la invitación a darle un poco de cabida al egoísmo, poniéndonos en el lugar que nos corresponde, así a la vez que nos ocupamos de nosotros mismos, damos ejemplo a nuestros hijos de cómo hacerlo y les permitirnos crecer.

¿Cómo puedes practicar el Yo de manera consciente para enriquecer tu rol como padre?

¡Vive sin culpa si trabajas mucho, siempre y cuando estés trabajando de manera consciente —más allá de si es el trabajo soñado—, buscando aportar honestamente con todo tu ser, desde un escritorio, un laboratorio, una ventanilla o desde donde sea que tengas la oportunidad de servir al mundo y ganar por ello. Lo que cuenta es que sientas que estás aportando valor; si es así, gózalo!

Tus hijos se beneficiarán de saberte satisfecho y realizado.

De otra parte si has decidido quedarte en casa y trabajas desde allí, procúrate bienestar y equilibrio, aparta tiempo para ti y solo para ti, valora tú más que nadie tu elección y tu aporte al estar en casa dedicándote a tus hijos y a tu hogar y no permitas que la cotidianidad consuma tu esencia.

Los seres humanos vivimos en una carrera inconsciente por hallar equilibrio. Entre lo que hacemos, a quienes amamos y quienes somos —o quienes creemos ser.

La cotidianidad muchas veces hace que sea un gran reto hallar ese equilibrio, porque entre nuestros diferentes roles, se genera satisfacción en ciertas áreas de nuestra vida, pero vacíos o sinsabores en otras.

Comprender que esto es parte del proceso, mirarnos de manera integral incluyendo todas nuestras áreas de vida, nuestros roles y nuestros centros, puede ayudarnos en el proceso de toma de consciencia y acción para encontrar ese equilibrio o al menos acercarnos un poco más.

Al hacerte cargo de ti, puedes descubrir nuevas formas de cultivar tu Ser.

  • ü Lee, aprende cosas nuevas, visita lugares que te conecten con aquello que estimula tu centro de pensamiento.
  • ü Date reconocimiento y estimula en tu cerebro las hormonas de la felicidad agradeciendo por ejemplo.
  • ü Cuida tu cuerpo en la manera en la que descubras que te nutre y gozas más, baila, corre, haz yoga, duerme, come rico —y preferiblemente sano.
  • ü Finalmente, pero no menos importante, trabaja en tu estado emocional.
    • o Toma consciencia de tu sistema de creencias, la forma en que decides asumir el mundo, desde el lugar desde el que respondes a lo que sucede y de las acciones que te llevan a donde vas.
    • o Decídete a crecer —que es un proceso que a veces duele… porque vas a tener que mirar tus miedos e inseguridades a la cara, muchas veces en el espejo que son tus hijos… cuando te muestran todas aquellas cosas que te sacan de quicio, que no son más que características o comportamientos que tú mismo tienes y que, con ellos, estás teniendo la oportunidad de identificar, para trabajarlos…
    • o Crea hábitos que te mantengan emocionalmente sano, si trabajas 6 meses de manera consciente y consistente en tus emociones, tu estado de ánimo se mantendrá estable.

Encuentra tu camino, en terapia, en coaching, en la religión. Para cada cual es diferente, pero lo que no cambia es el proceso base. Si quieres ver transformación y practicar tu yo, para estar en equilibrio y ser cada vez más el padre o la madre que tus hijos merecen y necesitan, ten en cuenta que necesitas caminar estos 5 pasos:

  1. Voluntad para iniciar, para reconocer, para cambiar, para crecer.
  2. Descubrir o identificar aquello que es susceptible de transformarse, porque no te está aportando lo que quieres.
  3. Tomar consciencia de lo que requiere ser cambiado, de que eres responsable de tu vida y de lo que sucede en ella.
  4. Hacerse cargo de lo que viene, no ser víctima —nada de egocentrismo, nada de culpa. Enfocarse en soluciones.
  5. Mantenerse en acción y crecimiento. Comprender que no hay receta mágica. Tus resultados dependen de ti.

Ayer era inteligente por lo que quería cambiar del mundo. Hoy soy sabio por lo que me quiero cambiar a mí mismo. Rumi

Nuestros hijos vienen a mostrarnos muchas de nuestras más bellas cualidades, pero también a reflejar nuestros aspectos más retadores… aquellos que nos animamos a trabajar en nuestro propio ser, de la mano de estos maestros que son nuestros hijos:

Tenemos una oportunidad invaluable en nuestras manos de convertirnos no solo en el cambio que queremos ver en el mundo, sino en el modelo digno de imitar para que nuestros hijos también experimenten esa transformación que deseamos ver.

Hay tanto que queremos hacer por nuestros hijos y, por qué no decirlo, cambiar en ellos. Todo porque soñamos lo maravillosos que pueden ser, pero para acompañar a nuestros hijos y ayudar a que se conviertan en todo aquello que potencialmente pueden llegar a ser, no hay mejor camino que ocuparnos primero de nosotros mismos, tomarnos el tiempo y el espacio de reconocernos, de abrazarnos de manera compasiva, comprendernos, tomar consciencia y empezar a introducir paulatina —pero consistentemente— aquellos cambios que queremos ver en el mundo, en nuestro propio caminar.

Para cerrar, les dejo una de las formas más simples pero efectivas de incluir un poco de este ingrediente del egoísmo en la receta de crianza:

¡Atrévete a decirles que no!

Lo que podrías conseguir al hacerlo:

  • Te vas a dar el espacio que mereces.
  • Les vas a permitir que ellos también se hagan cargo de sí mismos, de sus cosas.
  • Entrenas su tolerancia a la frustración.
  • Les animarás a enfocarse en soluciones.
  • Les enseñarás que amor no siempre significa decir sí.
  • Les incentivarás a creer en sí mismos, en lo que son capaces de hacer aunque tú no estés ahí (estamos educando para la vida).
  • Equilibras la balanza.
  • Practicarás tu honestidad emocional y coherencia (o cuántas veces has dicho que sí quieres jugar o escuchar la misma canción, o ver la misma película, etc.)

Recuerda

  • Hacerme cargo de mí, es lo mejor que puedo enseñar a mis hijos.
  • Niños y jóvenes seguros, centrados, con habilidades emocionales fuertes, son hijos de padres que se hacen cargo de sí mismos.
  • Haciéndome cargo de mí, fortalezco el ser de mis hijos.
  • Ojo con esta generación de blanditos en este “mundo líquido”.

Es importante que seamos auténticos y coherentes. Este artículo no pretende promover el narcisismo ni la egolatría, sino invitarnos a conectar con nosotros mismos, con nuestro ser más profundo, ir en busca de aquello que nos procure bienestar para mantenernos en equilibrio, para vivir desde ese lugar y, desde allí, ejercer nuestra paternidad. RM

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Vivian Jiménez

"Entrenadora en Habilidades Blandas para Humanos Fuertes. Coach de vida experta en Team Building, educadora certificada en Disciplina Positiva. Mamá de Tomás y esposa de Leo. Entrenadora en Desarrollo Personal, Educación Respetuosa y Alternativa. A través de diferentes programas, entrenamientos, talleres, charlas, conferencias y publicaciones, ha trabajado formando y acompañando comunidades, equipos, terapeutas, docentes y padres."

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