Las competencias clave para los jóvenes del siglo XXI - Ruta Maestra
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Las competencias clave para los jóvenes del siglo XXI

En los últimos 50 años, el mundo ha cambiado completamente, las nuevas tecnologías han transformado la forma de comunicación, han acercado pueblos distantes y han propiciado los negocios internacionales. Además, vemos cómo las personas cambian de países para trabajar y las ciudades se tranforman en centros multiculturales. De acuerdo con María del Pilar González, la transformación del mundo también se debe reflejar en la transformación de los colegios. El modelo tradicional de transmisión de información no es adecuado cuando los niños pueden acceder a esta información en Internet. En cambio, son necesarias competencias distintas que les aporten y destaquen en el mundo de hoy. González hace un analisis sobre cuáles deben ser esas competencias.

Algunas características de la sociedad actual

La aparición de las primeras computadoras en los años cincuenta supuso, entre otros efectos, un aumento exponencial en la velocidad de cálculo, lo que permitió un desarrollo tecnológico y científico espectacular, trayendo consigo un cambio social sin precedentes caracterizado sobre todo por la velocidad.

Una vez cruzado el umbral del fin de siglo, sin que el anunciado “efecto 2000” produjera sus temidos efectos, a partir del s. XXI, la ciencia y técnica evolucionan de manera constante, asentando definitivamente un nuevo Renacimiento bautizado como la era de la información y la comunicación. Definitivamente, asistimos a un cambio de época, no una época de cambios.

Sin embargo, para los sociólogos y filósofos de la ciencia, la sociedad del conocimiento lleva asociada la idea del riesgo donde la globalidad, la interconexión, la multiculturalidad, la incertidumbre, la inseguridad, o la sostenibilidad, son las características singulares de un tiempo nuevo que sitúan al individuo frente al abismo de la postmodernidad y la postverdad.

Tal es la velocidad del cambio que en tan solo 17 años del nuevo siglo surgen dos tendencias sociales e ideológicas de signo opuesto: por un lado una globalidad reforzada por la tecnología y la movilidad laboral y por otro como contrapartida, un movimiento centrado en ponderar lo local. Pareciese que frente a la pérdida de identidad en un mundo global hubiera surgido la necesidad de reforzar las señas de identidad propias. En este sentido los nuevos movimientos políticos asocian la globalidad a un capitalismo agresivo y sin límites, en el que las reglas de juego las impone un mercado cuyas decisiones nos trascienden, produciendo un sentimiento de reivindicación de lo local.

Si en la Revolución industrial surge como corriente ideológica el marxismo que propugnaba la idea de clase y la identidad de los trabajadores como freno a los excesos del capitalismo, en la actualidad la globalidad encuentra su freno en nuevos movimientos sociales y políticos que defienden el “no nos representan”, un eslogan posicionado más ideológica que socialmente pero cuya propagación desde la Puerta del Sol de Madrid tuvo resonancia mundial.

Mención aparte merecen las corrientes demográficas características del contexto social dinámico y aceleradamente cambiante. El progresivo abandono del medio rural, y la concentración poblacional en las grandes ciudades están dejando zonas del territorio nacional prácticamente desiertas. La recuperación de espacios y su revitalización será una de las tendencias en el futuro cuyos estándares de calidad de vida vendrán facilitados por las tecnologías y la comunicación. La alta velocidad (bien sea en megas, bien en km/hora) dibuja un horizonte de gran movilidad que impulsará la recuperación de entornos despoblados generados por los procesos de urbanización.

Nuestros jóvenes han nacido y participado innatamente de este contexto social, su hábitat no les es ajeno. La generación millenials, como recientemente se les identifica, poco tienen en común con movimientos sociales previos con los que iniciábamos el artículo: mayo del 68, movida madrileña… Sus preocupaciones, su nivel formativo, sus expectativas poco o en nada tienen que ver con nuestra juventud. Son dueños de una realidad que no conocen pero que sí viven. Nuevos tiempos, nuevos espacios y nuevos paisajes como decorado social de un futuro incierto donde la diversidad se reivindica como valor y la sostenibilidad como estrategia de supervivencia.

Origen y actualidad de las competencias en la educación

En este contexto, la institución escolar sufre una crisis de identidad. Su razón de ser: la instrucción y transmisión de cultura pierde sus referentes. Nos encontramos en un cambio de paradigma. La instrucción cede paso a la educación y la acumulación de conocimientos ha dejado de ser un referente vá- lido para medir el éxito escolar de los alumnos.

El horizonte educativo se redirige en la actualidad a la adquisición de un catálogo de competencias vinculadas a una dimensión más integral que combina el dominio de técnicas con cualidades para vivir en sociedades más complejas. Se es más competente cuanto más y mejor te puedas desenvolver y no cuántos más conocimientos tengas. Habilidad frente cognición.

En este sentido, la OCDE realiza una gran contribución al desarrollo e incorporación de las competencias en la educación a través de evaluaciones, como el proyecto INES (Indicadores de Sistemas Nacionales de Educación) y el informe sobre indicadores educativos, el proyecto de Competencias Curriculares Transversales, la Encuesta Internacional de Alfabetismo de Adultos, el Proyecto de Indicadores de Capital Humano y proyectos más recientes como la Encuesta Internacional de Destrezas para la Vida (ILSS), y el Programa Internacional para la Evaluación del Alumnado, (PISA).

Para implementar todos estos programas ha sido necesario realizar un acuerdo internacional en el que se definieran qué competencias son necesarias para afrontar los desafíos del mundo actual. Con este fin, en 1997, nace el proyecto de la OCDE Bases Teóricas para la Definición y Selección de Competencias. (DeSeCo, por sus siglas en inglés.)

Estos proyectos de la OCDE, suponen una revolución en lo que se entiende por rendimiento educativo y su evaluación: en primer lugar porque incluyen indicadores de rendimiento extracurricular, y en segundo lugar porque los resultados educativos están relacionados con lo que un ciudadano necesita para afrontar los retos de la sociedad actual. En tercer lugar porque han conseguido un consenso internacional en indicadores competenciales, relacionados con actitudes y valores. En cuarto lugar, porque el concepto de competencia, como indicador del rendimiento educativo, está en un proceso constante de revisión y actualización. Y finalmente, porque plantean medir los resultados educativos a lo largo de la vida.

El Parlamento europeo recomendó a los países miembros que revisasen sus currículos basándose en 8 competencias clave para el aprendizaje permanente, que podrían adaptarse al contexto de cada país, y así con la entrada en vigor de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Educación que modifica en determinados aspectos la Ley Orgánica de Educación, anterior, LOE, de 2006. La LOMCE es la legislación educativa más reciente en España), en el año 2014 las 8 competencias básicas de la LOE pasan a ser 7 competencias clave (preámbulo XIV) sin olvidarnos de las competencias trasversales (preámbulo IV) donde se indica que “es necesario adquirir desde edades tempranas competencias trasversales, como el pensamiento crítico, la gestión de la diversidad, la creatividad o la capacidad de comunicar, y actitudes clave como la confianza individual, el entusiasmo, la constancia y la aceptación del cambio” (tabla 1).

De las competencias profesionales a las competencias necesarias para la vida, del rendimiento educativo a los resultados y su evaluación, desarrollo sostenible, cohesión social y capital humano son los nuevos referentes de un servicio educativo con vocación de formar ciudadanos críticos, responsables, solidarios y con capacidad de adaptación al cambio. El éxito escolar se define en clave de éxito social no individual.

Competencias en PISA

El programa PISA, evalúa desde 2000, las competencias de lectura, matemáticas y ciencias. Además se han ido introduciendo otras competencias complementarias, como la competencia financiera, la competencia en resolución de problemas, la lectura digital, la resolución de problemas en entornos digitales, las matemáticas en entornos digitales, la resolución de problemas colaborativos y se van a introducir otra nuevas como la competencia global en 2018.

La OCDE, con estas pruebas está haciendo un esfuerzo por medir los resultados escolares en aspectos cada vez más extracurriculares, pero también más relacionados con las necesidades sociales del siglo XXI. Este nuevo enfoque está produciendo numerosas y variadas reacciones en el ámbito internacional, produciendo cambios en las metodologías y en los currículums, permitiendo un enfoque más flexible, y cambios en la evaluación, que se convierte en más competencial.

Todas las competencias de la OCDE están correctamente definidas en sus respectivos marcos teóricos, en los que además, gracias a la Teoría de Respuesta al Ítem, se definen perfectamente los niveles de rendimiento asociados a cada una de las competencias.

La competencia lectora en PISA 2018

La lectura, junto con la escritura y la comunicación oral, es la base del resto de aprendizajes y competencias. Es fundamental en la educación de los niños pues favorece el desarrollo motor, lingüístico, emocional, cognitivo, social y lúdico.

Además de que, como señalaré más adelante, mayores niveles de competencia lectora se asocian con mejores condiciones y calidad de vida, la lectura, en la etapa de formación ha de orientarse a leer para aprender, leer para disfrutar, leer para reflexionar, para expresarse mejor y leer en la sociedad de la información (Plan de Lectura de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León).

En PISA 2018 la competencia lectora será la principal evaluada. Por este motivo se ha revisado su definición como “la capacidad de un individuo para comprender, usar, evaluar, reflexionar sobre e involucrarse con textos, con el fin de alcanzar los propios objetivos, desarrollar el propio conocimiento y potencial y participar en la sociedad”.

Al incluir la lectura digital, la nueva definición de la competencia lectora integra dos novedades respecto a la de ediciones anteriores, en primer lugar al hablar de textos en general, incluyendo todas las manifestaciones gráficas de la lengua sean manuscritas, impresas o digitales. Y en segundo lugar introduciendo la palabra evaluar, apuntando la idea de que el lector debe sopesar la veracidad de los argumentos aportados en el texto, el punto de vista del autor y la relevancia para sus propios objetivos.

El marco de esta competencia se ha revisado y mejorado al integrar nuevas formas de lectura, junto a la tradicional e incluir entre las destrezas más básicas la fluidez en la lectura, la interpretación literal, la integración de frases, la extracción de las ideas principales y la realización de inferencias.

En resumen, con este ejemplo de la competencia lectora, observamos cómo las competencias en PISA están vivas y se adaptan a las necesidades de un mundo en constante cambio. Para esta actualización constante de los marcos teóricos de PISA, se cuenta con la colaboración y el acuerdo de todos los países participantes, así como con la colaboración de expertos cualificados, en todas las competencias evaluadas.

Aunque en PISA 2018 se establecen 7 niveles de rendimiento, en la competencia lectora se distinguen 3 tipos de procesos ordenados por orden de dificultad creciente: localizar información, comprenderla, y evaluarla para valorar la calidad y validez del texto, reflexionar sobre el contenido y la forma, detectar posibles discrepancias entre distintos textos y obtener una conclusión.

Cada una de estas categorías generales tiene asociados subprocesos que también están ordenados jerárquicamente. Por tanto PISA nos ofrece información sobre qué saben hacer los alumnos y qué están en condiciones de aprender. Y este es el proceso que tenemos que seguir en las aulas, con otros métodos más directos, evaluando lo que sabe hacer cada uno de nuestros alumnos y acompañándolos en su ascenso por la escalera del aprendizaje subiendo los peldaños de uno en uno.

Competencias para el desempeño profesional

Por supuesto, mayor nivel de competencias a nivel personal implica unas mejores condiciones de vida. Así, el último informe PIAAC, publicado en 2013, que analiza el nivel de formación de la población de entre 16 y 65 años, determina que un nivel mayor de rendimiento en las competencias de lectura y matemáticas, implica mayor empleabilidad, mejor salud, un desarrollo social más positivo, con mayor confianza ante los demás, más tendencia a realizar actividades de voluntariado por el bien común, y confianza en que la persona puede influir en cuestiones políticas y de gobierno.

En cuanto al efecto en los salarios, mientras que el efecto es claro con la competencia lectora, los ingresos de las personas con los niveles más altos de comprensión lectora son más del doble de los que obtienen los individuos con niveles bajos, en la competencia matemática solo se observan efectos sobre los salarios cuando un alto nivel de competencia matemática va asociado a un nivel de formación superior.

Es fundamental tener en cuenta que las competencias se adquieren fundamentalmente en etapa de formación inicial, pero estas competencias se desarrollan y se complementan con otras nuevas a lo largo de la vida.

También los cambios tecnológicos y en las estructuras sociales y económicas exigen nuevas competencias, que los ciudadanos deben adquirir. En este sentido el World Economic Forum en 2015 remarcó la necesidad de una educación orientada a formar ciudadanos capaces de desenvolverse en un mundo tecnológico que cambia constantemente, adaptándose a los cambios del mercado laboral, y preparando a los alumnos del siglo XXI no solo en las competencias clave, sino también en competencias críticas y competencias personales (tabla 1) para que las personas de este siglo puedan afrontar por igual los retos del futuro.

Al Secretario de Estado de Educación de EU se le atribuye la frase que más o menos literalmente afirma que estamos preparando a jóvenes para profesiones que aún no existen. Pues bien la proposición debiera ser que estamos preparando a jó- venes para un futuro que se proyecta desde un presente en continuo cambio.

Por este motivo es muy importante la flexibilidad de la formación inicial, sensible a las necesidades de cada momento, lo que implica realizar una clasificación y determinación de las competencias claves para los jóvenes del siglo XXI y su inserción en la sociedad y en los entornos laborales, trabajo arduo que exige el repaso por la literatura actual y la elasticidad de pensamiento necesaria para su constante evolución.

Algunos autores hablan de competencias blandas y duras (tabla 2). Llegar a establecer un denominador común, es difícil, pero parece existir un consenso unánime en torno a ellas por lo que, lo realmente determinante, es el giro que la formación y la educación están dando adaptándose a las mismas.

Por tanto es fundamental cuidar la formación de los formadores, de los maestros, los profesores de secundaria, los de formación profesional, los de la etapa universitaria, y los que imparten formación a lo largo de la vida, porque las competencias que adquiera el resto de la población nunca van a poder sobrepasar la de sus maestros. En este sentido, la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León definió, en 2008, las competencias profesionales del profesorado para esta comunidad. (tabla n.º 3) tomándolas como base para su Plan de Formación Permanente. En este mismo sentido, definió las competencias del orientador escolar (tabla n.º 4), estando en fase de elaboración las de inspector de educación y las del director escolar, y todo ello en el marco de su evolución natural hacia la organización educativa competente.

Además de todo ello es imprescindible la equidad, porque, como hemos visto, las competencias están orientadas no solamente al bien personal, sino al bien común, y es necesario que todos, cada uno dentro de nuestras posibilidades, participemos en la construcción de un mundo mejor.

La educación tiene finalidad en sí misma. De ahí que se defina la educación obligatoria como propedéutica de la postobligatoria. El tronco común de la educación obligatoria prepara al alumno para la vida, para el desarrollo integral en su dimensión personal y social.

Cuáles son las competencias con las que un alumno debe finalizar la educación obligatoria debiera ser uno de los aspectos de cualquier sistema educativo sometido a continua revisión.

Las competencias tienen que ser lo suficientemente abstractas para dar cobertura a contextos de incertidumbre pero lo suficientemente flexibles para ser reorientadas o adaptadas a los cambios. Por ejemplo, en el futuro asistiremos a un cambio de economía basada en la producción y consumo a una economía basada en la reutilización y transformación de recursos. Es decir, la sostenibilidad. Es un cambio de paradigma que afecta a todas las dimensiones de la vida personal y social. Hasta ahora solo estaba asociado a comportamientos ecológicos, pero el futuro se escribe en términos de comportamientos sistémicos, de ahí la importancia de reflexionar sobre el modelo de individuo y sociedad en la que estamos y en la que pretendemos progresar.

La legitimación social de los sistemas educativos pasa por la incorporación de la educación por competencias. Un sistema es legitimado cuando contribuye al bien común y al personal. Se ha descuidado la dimensión social y la sociabilidad del individuo y ha sido la llegada de la tecnología la que ha puesto de manifiesto este olvido. Paradoja y realidad que nos permiten el avance y sostenibilidad en sociedades cambiantes y complejas. La educación tiene la potencialidad de construir futuro pero desde unas bases filosóficas que contemplen todas las dimensiones del ser humano.

Tabla 1. COMPETENCIAS EN EL SIGLO XXI

Tabla 2. COMPETENCIAS DEL SIGLO XXI

Tabla 3. COMPETENCIAS PROFESORADO DE CASTILLA Y LEÓN 2008 

María del Pilar Gonzáles

Directora General de Innovación y Equidad Educativa de la Junta de Castilla y León, España.

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