Edición 24Reflexión

El maestro y la lectura de cuerpos que hablan

Con determinación potente y vital aparece en el educar “el cuerpo”, ese cuerpo que habla y conversa, que da y brinda pensamientos y emociones. Cuerpo humano que cual estructura poética de la palabra establece nuevas miradas a la pedagogía.
Así, en clara provocación emerge la invitación a los maestros a mirar y leer el cuerpo de los educandos, a dejarse invadir por ese lenguaje.

Educar y palabra

Comprender el educar como las experiencias encarnadas por vínculos con el otro y lo otro, permite una primera visualización o aproximación de entender la educación como la relación viva de dos, vinculación establecida por vivencias que permiten un entrelazamiento a manera de tejido de subjetividades.

Maestro y pupilo hospedan las vivencias cual experiencias y los convoca a ser sujetos de mundo, a dar y recibir, a estar en constante movilidad permitiendo el cambio, el crecer, el imaginar y el soñar, es la educación en verbo , acción de siempre hacer y hacerse, de transitar en el camino de vida.

En el educar de hoy con sentido humano de vinculación, hacen presencia educadores y educandos que asisten al bello encuentro con necesidad de ser, de hablar -su hablar-, de gritar, reír, de expresar sus esperanzas y miedos, de expresarse con sus palabras.

Con la palabra se entiende y comprende el encuentro educativo, el encuentro que crea, que da sentido al origen relacional y cuya esencia no son más que vínculos enriquecidos por el diálogo. Se trata del lenguaje como el dispositivo que humaniza y permite relacionar/se al sujeto con el otro y lo otro como mundo/entorno. Lenguaje que conlleva las significaciones y relaciones de vivencias con sentido, constantes inputs y outputs o entradas y salidas de experiencias.

Cada uno de los actores educativos al utilizar en su cotidianidad las manifestaciones del lenguaje, posee una realidad simbólica con la que continúa creando y creando en un discurso infinito. Hablamos porque tenemos necesidad de nombrarnos, de afirmar nuestra existencia y declarar al mundo el absoluto derecho a existir.

Más allá de la palabra hablada como medio articulado y sonoro, hay otras palabras que asisten al encuentro educativo de maestro-pupilo y que operan de acuerdo a las dimensiones humanas, así, en el educar y específicamente en el espacio llamado aula, el cuerpo habla, la mirada, el rostro, los sentimientos y los estados de ánimo se transmiten en un habla humano, inclusive el silencio en el aula también habla.

Los actores educativos asisten y se sitúan con sentido y significado en el espacio-aula; son seres humanos cuyos cuerpos, rostros, miradas, risas, alegrías, llantos y tristezas concurren en lenguajes, un lenguaje sin escritura, sin sonido, pero que nos interpela cual relato, son palabras en cuerpos que convocan, dicen, desdicen y dicen lo indecible, se trata de la polifonía cuyas dimensiones estéticas abren portales de una obra de arte, son cuerpos, miradas y rostros que sin mediar articulación sonora hablan y conversan.

Cuerpo-expresión

Los cuerpos son la concreción de habitancia en el mundo escolar y de su realidad inmediata. Explorar la idea representada y hablada por un cuerpo, es dialogar en silencio con el alma del narrans, lo cual siempre resulta inquietante y movilizante, maestro y educando se constituyen como habitantes que por sus modos de situarse preguntan, responden y conversan; ellos son la humanidad biológica que se despliega a través de movimientos y gestos para expresarse en apertura al mundo, son cuerpos humanos que se expanden en lenguajes diversos.

Los estudiantes reciben historia, son historia y brindan historia, de sus cuerpos emergen discursos cual palabra y significado y exhiben en clara coexistencia de pensamiento y sentimiento la unicidad del cuerpo y alma como exposición viva y real de expresiones. Son cuerpos que hablan en silencio de la experiencia recibida sin nombrarla, y a través de miradas, gestos y movimientos las trasmite y encarna en la memoria de sus escuchas, se trata de un diálogo pedagógico que no necesita de técnica y se sustrae de la rigurosidad lingüista y académica.

El cuerpo, la mirada, el rostro, inician el hacer educativo con uniones, rupturas y fracturas al transmitir no solo el significado sino el sentir, el alma misma. Cuerpo y alma se fusionan en la transmisión de vivencias cual palabra. El cuerpo es el vehículo de estar-en-el-mundo y tener cuerpo significa, para un ser vivo, volcarse en un medio definido, confundirse con ciertos proyectos y emprender continuamente algo (Merleau-Ponty).

En los procesos de enseñanza-aprendizaje hay un “todo humano” basado en el mundo de significaciones y relaciones que dan lugar a entradas y salidas de experiencias a través de cuerpos elocuentes, son expresiones que se advierten como lenguajes y todo pareciere sentirse y verse en palabras, aunque ellas no sean oídas, se trata de la expresión de risas, alegrías, tristezas y llantos, cual palabras alojadas en cuerpos y además de ser poseedoras de mensajes son verdaderas historias narradas y que a diario las recibe el maestro.

El sentido subjetivo de la palabra se alberga en el cuerpo del pupilo dando valor y lugar a la expresividad de lo humano y del mundo. Con la palabra en el cuerpo, él expresa la subjetividad y la aprehensión del entorno que tenga, ella no es un objeto extraño a su propietario-educando sino por el contrario lleva algo de él, que nos dice de él, de lo que vive y siente. En ese cuerpo se conjuga la intención de transmitir algo, y en esa conjugación se gesta la palabra-acción-alma-cuerpo como conjunto indivisible y estructura significante.

En ese emplazamiento, el cuerpo-palabra transporta la subjetividad del narrans-estudiante a través de expresiones llenas de afirmaciones o negaciones como actos descriptivos, ya fuere por un vínculo intrínseco con su pensar y sentir, o ya fuere por un vínculo extrínseco con el mundo. De allí, la importancia de la comprensión y discernimiento del habla del cuerpo del educando pues son manifestaciones y expresiones que ofrecen múltiples situaciones de sus mundos.

El educando se expresa con su cuerpo, con gestos, con miradas y con su rostro, son palabras que llevan su yo, y también llevan la consonancia con el mundo externo que habita y mora, él cuenta o narra sus vivencias y experiencias con su cuerpo y así las brinda al maestro y compañeros.

Mirada: expresión del alma

Aquellas miradas, ese mirar de uno y otro, ese mirar que liga y desliga, son la expresión en unos ojos que seducen, habilitan y deshabilitan, son la expresión viva de la arqueología humana que constituyen lo más profundo del ser, un lenguaje interno que establece reglas discursivas, un adentro que aparece en el afuera. Ella, la mirada, identifica el primer estado emocional trátese de alegría, trátese de la tristeza o del dolor.

Con la mirada se vislumbra al pupilo en escucha y atención o la presencia del ausente, ella invade cual espectro, ella entra y penetra el cuerpo y mente del otro, sin reglas o prohibiciones. La mirada da la posibilidad de acceder a la captura imaginaria del cuerpo del otro, pero con un sentido de comienzo, de construcción de sí mismo, de dar el inicio, a verse a sí mismo.

Es quizá la mirada la primera expresión de vinculación que transmite un sentir prescindiendo del medio articulador, el habla se transporta a un lenguaje puro en términos heideggerianos a través de la mirada, ella no es un hablar corriente que se agota y consume en sentido bruto.

La mirada plantea una realidad de comparecencia de lo humano en el espacio llamado aula, no sólo del cuerpo físico del educando, sino también la de su rostro.

Rostro: una imagen, un espejo

Referencia del rostro como categoría que excede toda descripción medible y el cual debe ser observado en su doble condición física y metafísica:

Rostro propiedad de los habitantes del aula como su semblante corriente presente en su cara-cara con sentido y significado, un habla inscrito en sus gestos y ojos los cuales conversan sobre el estar siempre en constructo, en atención o no, es la expresión del rostro como faz en el educando, son sus caras y apéndices unidos que siempre dicen algo. Se trata del rostro material, corpóreo, una realidad que habla.

Y, rostro más allá de lo físico, se trata de la categoría ética y metafísica que habla de la relación con el otro, allí donde el ser-persona hace presencia diferente a sus rasgos, ya miramos en otro estatus, ya reconocemos, es un rostro que igualmente habla cual manifestación vinculante por la construcción nacida desde la subjetividad de los actores educativos. A través del rostro se reconoce en la humanidad la existencia que conversa de la presencia del educando y educador como seres que hablan y dialogan con significado por su misma categoría, humanismo del otro, alteridad.

En términos levinasianos el rostro es una categoría que surge o hace génesis de la relación con el otro. El rostro es para y desde él, algo distinto a los rasgos característicos del sujeto: su voz, color, ojos, orejas y demás particularidades biológicas.

Cuando el otro es un espejo en el cual nos miramos a nosotros mismos y, a partir de ahí, reconocemos su humanidad, no es él mismo quien aparece frente a nosotros, sino lo que queremos ver de nosotros en él. Es, cuando nos atrevemos a mirarlo como sí mismo que aparece su verdadero rostro. Esto es, la otra cara del otro. La de él mismo. (E. Levinas)

Se despliega en la vivencia humana del educar una ruta dual expuesta en la metafísica y en la física; una realidad del rostro marcada por su cara, su materialidad y otra por el ideal forjado por la ética y la responsabilidad en una imagen, un sueño, un deseo y tal vez en un espejo en el cual queremos vernos, pero solo está el otro. Pero en uno y otro camino está el lenguaje que une y vincula.

Reflexiones finales

Lo esencial toma forma en el educar, una risa, un gesto, un movimiento, una mirada, un rostro, un silencio, todo ello se expresa de manera pura, a través del cuerpo, son palabras en un habla propio del conversar entre maestro y pupilo que se unen en el encuentro educativo humano.

Tal vez al educador no le enseñaron a leer el cuerpo humano, tal vez al educando no le enseñan a leer el cuerpo de su compañero y maestro, pero ambos dan y reciben lecturas de cuerpos cual palabras. No es la lectura de un libro específico, más bien es la lectura del ser humano, de sus significaciones, es la lectura de voces en silencio, es la lectura del cuerpo que se manifiesta. Allí en ese cuerpo mora la palabra del docente y del pupilo, y su lectura permite el descifrar e interpretar la simbología del hombre y su mundo. Por ello las palabras puestas y expresadas en y por cuerpos se convierten en registros en los que alguien, después de haber experimentado la vida, deja constancia de ella.

Se trata de mirar el exterior e interior del ser, del cuerpo y alma conjugados que se presentan en lenguajes puros. A mirar el mundo humano a través del cuerpo y de su elocuencia.

Lo pedagógico incorpora el cuerpo, la mirada y el rostro con sus intenciones. Se trata de la pedagogía que comprende la lectura de ese libro de vida llamado cuerpo, de la pedagogía que comprende la mirada que enamora, coquetea o rechaza, de la pedagogía que comprende el rostro como reconocimiento ético en existencia y responsabilidad del otro, se trata de la pedagogía que comprende la lectura de las risas y llantos, los amores y desamores. RM

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Sergio Tobón

Doctor en Educación y Postdoctor en Infancia y adolescencia: Actores educativos. Autor de varios textos, conferencista y experto en pedagogías Activas y en la enseñanza por proyectos. Rector Colegio Freinet Cali.

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