Edición 8Reflexión

De los mediadores a los lectores: cuatro rutas de encuentro con los libros

“El mundo, según Mallarmé, existe para un libro; según Bloy, somos versículos o palabras o letras de un libro mágico, y ese libro incesante es la única cosa que hay en el mundo: es, mejor dicho, el mundo”.

Jorge Luis Borges. Del culto de los libros. En: Otras inquisiciones (1952)

Ruta 1. De la mano de otro

La experiencia con los libros y la lectura siempre supone la existencia previa de un mediador: padre, bibliotecario, promotor de lectura, docente, compañero más avanzado. Este mediador cumple el requisito de ser un lector experto 1, que tiene en alta valoración los libros y la lectura, y en cuya relación interviene tanto un elemento de culto, como de representación asertiva del capital simbólico que aporta estar incluido en la cultura escrita. El mediador valora que otros menos expertos (los lectores novatos) accedan a estos bienes culturales.

La denominación de lectores expertos y lectores novatos se encuentra documentada, entre otros autores, en ROSENBLATT L. (1994). La teoría transaccional de la lectura y la escritura. En: Los procesos de lectura y escritura. Textos en contexto. Vol. 1. Buenos Aires: Lectura y Vida; COLOMER T. y CAMPS A. (1990). Enseñar a leer, enseñar a comprender. Madrid: Celeste/MEC (en especial, el capítulo La enseñanza de la comprensión lectora); PIPKIN EMBON M. y REYNOSO M (2010). Prácticas de lectura y escritura académicas. Córdoba: Comunicarte (en particular, el capítulo Pensamiento inferencial en la lectura y la escritura).

Desde que la lectura se considera un derecho de ciudadanía, y no exclusivamente un placer subjetivo propio de élites letradas, en las políticas públicas de cultura y educación se considera esencial que existan programas que consoliden a los ciudadanos como lectores, y desde luego como escritores, pues el dominio de la lectura y la escritura constituyen uno de los requisitos claves para el ejercicio de la participación ciudadana, la construcción de la identidad individual y la adquisición de nuevos conocimientos.

En consecuencia, institucionalmente es necesario programar el acercamiento de todas las personas a los libros y a la lectura, y en ello, como se dijo antes, es fundamental contar con la presencia sistemática de mediadores. Este mediador cumple un papel cultural relevante, pues tiene la función de ser un lector autónomo y crítico, capaz de ayudar a entrar a otros (que son lectores heterónomos o “no lectores habituales”) en el mundo de la cultura escrita.

Nadie, pues, se construye como lector autónomo sin ser antes lector heterónomo, es decir, con dependencia de otro 2. Ser lector heterónomo no es malo, ni está asociado a una incapacidad particular de ser ilustrado —en sentido kantiano— y desde nuestra perspectiva es “deseable” ser discípulo de alguien antes de llegar a la autonomía 3. En ello se parte de un supuesto vygotskiano 4: los menos expertos requieren avanzar en zonas de desarrollo próximo del aprendizaje con la ayuda de otros: los niños de la mano de los adultos, los adolescentes poco lectores de amigos o profesores que los “empujan” a ingresar en el banquete de la cultura escrita, y, en general, los lectores heterónomos de la ayuda de mediadores más expertos.

Se dirá que ha habido lectores (como el filósofo Estanislao Zuleta, por ejemplo) que solos, de manera autodidacta, construyeron su perfil lector, pero se olvida que incluso en estos casos los libros que leyeron fueron sus auténticos maestros o mediadores indirectos.

El Nobel de literatura Gabriel García Márquez ha contado cómo su formación de lector, en la adolescencia, estuvo notoriamente influida por la guía de su maestro Carlos Julio Calderón, quien lo introdujo en la poesía clásica española y en el piedracielismo colombiano. Cfs. GARCÍA MÁRQUEZ. G. (2002). Vivir para contarla. Bogotá: Norma, p. 233.

El psicólogo Lev Vygotski (Rusia, 1896-1934) es uno de los referentes más importantes para comprender la importancia de crear entornos colaborativos de aprendizaje, que en el caso de la cultura escrita, tienen su asidero y espacio ideal de trabajo sobre todo en el aula de clase y en la biblioteca escolar.

La Cultura instaura modos —que ya veremos más adelante— para que las personas, con la ayuda de otros, cambien su condición inicial de distancia con los libros y la lectura, y pueden pasar de la condición de “decodificadores” a “lectores plenos” 5.

Las categorías son de Emilia Ferreiro. Cfs. FERREIRO E. (2001). Leer y escribir en un mundo cambiante. En: Pasado y presente de los verbos leer y escribir. México: FCE, p. 17.

Ruta 2. Los itinerarios de lectura

¿Cómo llegan los lectores a los libros? Evidentemente no hay una ruta exclusiva, pero sí está claro que si se hace de la mano con un mediador experto, el horizonte de lectura se podría ampliar y la experiencia lectora enriquecerse. En tal sentido juega un papel fundamental el primer libro que se lee significativamente (no el “obligado” en el colegio o en la casa o porque alguna autoridad dijo que era “importantísimo”) de manera autónoma y que invita a construir el hábito lector y a soñar en la expectativa de encuentro con otros libros, que se supone constituirán un hallazgo inédito. Estos son los “libros iniciáticos” que introducen una nueva experiencia innovadora en la vida y que son inolvidables. ¿O acaso alguien olvida el primer libro que significativamente lo transformó? 6

Es como el primer beso o el primer viaje solo a un lugar desconocido. La memoria a largo plazo los fija.

Un compromiso severamente problemático para un mediador es aconsejar ese primer libro iniciático al lector inexperto, porque en toda relación interpersonal se ponen en escena diversos imaginarios de empatía, ascendencia y confianza en el otro. Hay que reconocer que a veces se da en el clavo y a veces no. Sería imposible prever todos los escenarios y plantear alternativas para cada caso. A veces el mediador se guía por pistas que da el primer lector (nivel de alfabetización, familiaridad con los libros, preocupaciones temáticas). Estos lectores, incluso, pueden tener ya preferencias establecidas o preocupaciones de lectura explícitas:

  • “Me gusta la Biblia”.
  • “Me parece súper Juventud en éxtasis de Carlos Cuauhtémoc Sánchez”.
  • “¿Tiene algo para leerle a mi hijo que cumplió cinco años?

¿Cómo reaccionar de manera atinada? ¿Jalonar a ese potencial lector hacia otro tipo de libros? ¿Insistir en los mismos gustos lectores? ¿Declararse impedido? Al menos parece claro que se podría hacer todo, menos pasar por prejuicioso o severamente crítico de los gustos de esos lectores iniciales (a la crítica literaria, que es otro tipo de mediación, se le deja la áspera definición de si un libro es “bueno” o “malo”).

Es posible que un mediador sienta cierta prevención ante una persona que muestra orgullo de leer La secreta química de los encuentros o la última saga de libros eróticos que son best seller, pero se espera de todo mediador generosidad, espíritu de empatía y capacidad de descentración: “No te tienen que gustar los libros que leen los otros, pero tiene su mérito ser cuidadoso en tus opiniones”.

Una primera opción de acercamiento con el lector es realizar una adaptación del famoso “Test Proust” (ver Gráfica 1), que siempre da indicios de quién es la persona desconocida. Casillas como “Aquello que me gusta leer” o “Mi hobby preferido” dan pistas, sin duda alguna.

Otro modo como el mediador puede ayudar al lector a definir una estrategia sistemática de lectura es la constelación. La constelación, en palabras de la profesora Guadalupe Jover, no es otra cosa que un itinerario de lectura diseñado desde el punto de vista del observador, del lector. Como en el caso de las constelaciones trazadas caprichosamente por el ser humano entre las estrellas, decisivas para que seamos capaces de “leer el firmamento”, así también una “constelación literaria” establece vínculos caprichosos entre unas obras y otras que no están en la historia de la literatura sino en la mente de los lectores 7.

La definición de “constelación” guía un muy interesante programa de lectura con bachilleres llamado “Frente a la adversidad”. Se puede consultar en: http://bit.ly/1n7D8ay

Estas constelaciones tienen la virtud de ayudar a establecer un itinerario de lectura, que a veces puede parecer arbitrario, pero como subraya Jover, le “da protagonismo a los lectores a quienes va dirigido”.

Estas constelaciones tienen la virtud de ayudar a establecer un itinerario de lectura, que a veces puede parecer arbitrario, pero como subraya Jover, le “da protagonismo a los lectores a quienes va dirigido”. Los lectores expertos suelen subvalorar los “accidentes” de los lectores inexpertos y en las respuestas verbales a veces se plasma una tendencia a adquirir una conducta censora: “¡No lea eso, que es una miseria”, pero lo que para uno podría ser una miseria, para otro podría ser un descubrimiento inigualable.

Una constelación, igualmente, puede observar las competencias lectoras, la edad de los lectores y acompañar un programa escolar previamente establecido por ciclos de grado.

También las constelaciones pueden buscar intencionadamente que los lectores pasen de lecturas más fáciles a lecturas más complejas. Tras este supuesto subyace la idea de que, sobre todo los jóvenes en bachillerato, no tienen similares experiencias de lectura: algunos declaran abiertamente que “Odio leer” y otros se quedan anclados en un tipo de libros (las historietas, la literatura rosa o la narrativa de evasión), pero se resisten a introducirse en otros géneros más arriesgados, como los “clásicos” que podrían ayudarlos a construirse como lectores más expertos.

Ruta 3. Las acciones sociales instauradas en la Cultura

La Cultura institucionaliza saberes y acciones que socialmente son representativos y que pueden ser replicados si las experiencias han demostrado tener impacto y ser exitosas. En el caso de los libros, enseña formas de circulación por medio de la compra y el préstamo; en la lectura, modos de ejercerla a partir de programas de animación lectora (la hora del cuento, la tertulia literaria, las cajas viajeras, lectura con bebés, etc. 8). Nos enfocaremos en esta sección en acciones de conocimiento y debate alrededor del libro que acercan a los lectores novatos y los introducen en el ecosistema del libro y se lo hacen familiar.

Dos libros recomendados para conocer diferentes formas de mediación y animación lectora son: ROBLEDO B. H. (2010). El arte de la mediación. Bogotá: Norma; y RODRÍGUEZ G. M. et al. (2009). Ideas para formar lectores. Medellín: Comfenalco Antioquia.

  • Los recomendados por la crítica. La crítica de libros que se ejerce a través de los medios masivos de comunicación (prensa, Internet, televisión, radio) ofrece un notable apoyo el mediador (ver gráfica 2). Las reseñas lo actualizan, lo informan de las novedades y lo invitan a leer libros diferentes a los que ya habitualmente conoce. Igualmente favorece al lector inicial que encuentra en la crítica referentes de calidad para progresivamente ir adquiriendo un gusto más elaborado y asumir un punto de vista propio —a partir de la confrontación con otras posturas— además de discutir sobre obras que actualmente está leyendo e invitarlo a establecer nuevas búsquedas.

  • El boca-oreja. Tener un amigo —un parcero— lector es un regalo de la vida para muchas personas. Ese lector avisado que en medio de un café informa de un libro que lo deslumbró, o que envía un correo electrónico con un enlace que conduce a un autor desconocido, o que incluso presta un libro que él ama, pero que considera esencial que su amigo lo lea.
  • El listado de favoritos. El “Top ten” (en revistas para muchachos), “Mis favoritos” (en la barra de la pantalla del computador) “Me gusta” (en la red social Facebook) indican claras rutas de lectura que se acrecientan a medida que se participa con otros en la comunidad lectora y en el debate sobre los libros. Los lectores más expertos organizan rutas de lectura con intenciones explícitas (véase Gráfica 3) con vista a que otros las sigan.

  • Los intertextos. El intertexto es definido como “la relación que se produce entre dos o más textos cuando dentro del texto original aparecen enunciados que han sido tomados de otros textos” 9. La lectura de un libro, referenciado en un texto, llevar a otro que puede enriquecer la enciclopedia lectora. Es lo que llamamos “hipertexto”, que supone la existencia de una red semántica que une a diferentes obras relacionadas entre sí. Los intertextos más habituales son la cita y el epígrafe.

MARÍN M. (2009). Conceptos clave. Buenos Aires: Aique, p.124.

  • El plan lector. Es la estrategia habitual mediante la cual los profesores en los colegios organizan institucionalmente el acto lector mediante la selección de un listado de libros (ver Gráfico 4), que gradúan según edades, cursos, géneros, intereses temáticos o de formación en valores.

  • Los lanzamientos de libros. Inscribirse en la lista de mailing de las editoriales, de las librerías y de las universidades (ver Gráfica 5), acerca progresivamente con confianza a los lectores novatos al mundo del libro. En los lanzamientos conocen personas de intereses similares, compran los libros que les cautivan y conocen de primera mano a los autores reconocidos.

  • Los fanfic. O fanfictions, son relatos que los admiradores generalmente de sagas juveniles (como Harry Potter o Memorias de Idhún) escriben en blogs o páginas web, en donde agregan nuevas situaciones a la trama original del libro, a capítulos que ellos consideran quedaron incompletos o para ampliar el perfil de personajes con los que quedaron seducidos (ver modelo en Gráfica 6).

Ruta 4. De la voz prestada a la voz propia: construyendo el perfil personal de lector.

A medida que los lectores novatos se vuelven más expertos, adquieren visibles características de autonomía. La más diciente es la progresiva capacidad por sí mismo de seleccionar qué se quiere leer y el tipo de lector que se desea ser.

Sin embargo, antes de llegar al estado autónomo los lectores iniciales se mueven con diferentes brújulas y en diversas orientaciones. Como todavía no se tiene una “voz propia” se asume una “voz prestada”. Entonces se es “garciamarquiano”, seguidor de Alejandra Pizarnik o “borgianos” los más intelectuales. Los lectores novatos oyen más que hablar, ocasionalmente citan al autor “gurú” que estén leyendo esos días, y en casos extremos plagian y dicen ser los autores de textos que han tomado prestados (sin citarlos) de Neruda o de Paulo Coelho.

Comienza, entonces, ese vaivén interesantísimo que, luego de arrancar, se vuelve imparable. Los libros —prestados o comprados— empiezan a llenar el cuarto, los estantes donde antes estaban la ropa o la vajilla ahora se llenan de volúmenes de todos los tamaños y colores, van en los bolsillos o en mochilas de por sí ya repletas de cosas. Se lee en el bus, caminando, a medianoche con una linterna debajo de las cobijas. La lectura literaria, incluso, puede contribuir a revelar un yo desconocido a los lectores en formación. Todo es mirado desde el prisma de los libros. Literalmente no se concibe la vida sin ellos 10.

En este momento aparece la idea de colección, esto es, de acumular y leer libros de una misma serie de una editorial, o asociados a temas de interés personal, que acaban por convertirse en un leit motiv a lo largo de la vida. Para Walter Benjamin, el coleccionismo es un retorno al espíritu de niño que cohesiona el mundo a través de impulsos asociativos. Véase BENJAMIN W. (1982) Historia y coleccionismo: Eduard Fuchs. En: Discursos interrumpidos I. Madrid: Taurus, p. 87.

Independientemente del nivel de apasionamiento, se construye una identidad de lector 11, entendido este como la persona que es capaz, autónoma y críticamente, de enfrentar un texto sin la tutela de otro, que tiene una actitud asertiva hacia los libros, y se relaciona habitualmente con el ecosistema del libro.

Ha sido Michèle Petit en nuestro medio sobre todo, quien ha señalado la importancia que tienen los mediadores en apoyar a personas marginadas socialmente o alejadas de la cultura escrita para que por medio de la lectura puedan tener elementos para construir su identidad de manera libre y sin prejuicios. Cfs. su ensayo Saltar al otro lado (en: El arte de la lectura en tiempos de crisis. México: Océano, 2009) y el capítulo Las dos vertientes de la lectura (en el ya clásico: Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. México: FCE, 1999).

Colofón

El ingreso a la cultura escrita no es homogéneo ni sincrónico para todas las personas y diversas variables afectan la posibilidad de ser lector habitual o no. La calidad de alfabetización recibida, el acceso a la biblioteca pública y escolar, el hecho de tener padres y maestros lectores, la cercanía de librerías y centros culturales, el interés personal por el discurso escrito marcan las “condiciones de posibilidad” para el encuentro con el libro. Se entiende entonces el valor inmenso del mediador de lectura y su capacidad recursiva de dar la mano a los lectores: guiarlos, ayudarlos a seleccionar, introducirlos en el ámbito del libro, usar los acervos a la mano, ayudar a que sea posible lo imposible. En definitiva, que la democracia no sea un eslogan sino un hecho concreto, material, que afecta e involucra a las personas.

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