Edición 6Experiencias institucionales

Formación y dignificación docente, claves para el desarrollo

La experiencia de la Fundación Carolina en Colombia

En las últimas décadas, el mundo se ha visto estremecido por acontecimientos que han vuelto a ensombrecer el horizonte de la humanidad. El mundo en general vive hoy momentos de incertidumbre y dificultad, y es precisamente en tales instantes de confusión y crisis cuando necesitamos, como sociedad, tener la claridad de que los recursos y esfuerzos invertidos en la educación y, particularmente aquellos invertidos en la formación y desarrollo de maestros y directivos docentes son, en el largo plazo, los más grandemente remuneradores. Considero oportuno entonces, plantear la cuestión acerca de la influencia de la educación sobre la construcción del capital social y de perfeccionamiento del capital humano, como una oportunidad de desarrollo para nuestras naciones y hacer énfasis en el papel principal de los maestros y directivos docentes como garantes de la pertinencia y la calidad de la educación. Esta reflexión sustenta el trabajo de diversas instituciones de cooperación educativa, cultural y científica, como la Fundación Carolina, en su compromiso con el desarrollo y dignificación de la vocación docente.

Considero oportuno entonces, plantear la cuestión acerca de la influencia de la educación sobre la construcción del capital social y de perfeccionamiento del capital humano, como una oportunidad de desarrollo para nuestras naciones y hacer énfasis en el papel principal de los maestros y directivos docentes como garantes de la pertinencia y la calidad de la educación.

CALIDAD EDUCATIVA Y DESARROLLO

Existen dos corrientes que intentan definir y aplicar el concepto de Capital Social: por una parte, una corriente “teórica” que sustenta el Capital Social en conceptos intangibles y enfocados hacia el comportamiento y conducta humanas tanto a nivel individual como social; por otra parte, una corriente que podríamos llamar “aplicada” que concibe el capital social en términos prácticos y su influencia material en cuestiones como el desarrollo económico, la infraestructura, el medio ambiente y la regulación gubernamental.

A grandes rasgos, las aproximaciones de autores como Coleman, Putnam y Fukuyama nos permiten tener una visión general de lo que constituye el capital social como ese conjunto de recursos socio-estructurales que constituyen un activo de capital para el individuo y facilitan ciertas acciones comunes de quienes conforman esa estructura1,estos recursos se traducen en la capacidad de los individuos de trabajar juntos, de organizarse en grupos para alcanzar objetivos comunes. La capacidad de asociación, depende del grado en que se comparten normas y valores, además de la facilidad para subordinar los intereses individuales a los colectivos. De esta manera el conjunto de lineamientos de organización social entendidos como normas o sistemas, facilitan la coordinación y cooperación para beneficio mutuo, cuyo principal valor es la confianza y cuyo principal objetivo es el beneficio compartido. Así el capital social acrecienta los beneficios de la inversión en capital físico y humano, por eso puede entenderse como aquella parte del capital humano que permite que cada persona confíe en el otro y que le hace avanzar a nuevas normas de cooperación social2; hace énfasis así en el predominio del factor confianza en una sociedad hablando de la habilidad que tiene la gente de trabajar en forma cooperativa, en grupos y organizaciones, basados en compartir ciertas normas y valores comunes que regulan su interacción.

1 COLEMAN, J. Foundations of Social Theory. Harvard University Press.
2 FUKUYAMA, F. Trust. The social virtues and the creation of prosperity. New York. Free Press.
3 FUKUYAMA, F. Discurso pronunciado con motivo de los 40 años del SENA. Junio 1997.

Por otro lado, algunas definiciones tratan de acercase más a lo que anteriormente llamábamos corriente “aplicada” del pensamiento sobre Capital Social, ya que reconocen la existencia de un patrimonio colectivo que afecta de forma importante el crecimiento económico lo que hace evidente que, aunque el capital social tiene una existencia propia, se ajusta dentro del concepto de capital humano. De esta forma el nivel y la calidad de la educación recibida por la población, así como su experiencia productiva determinan el potencial de ambos conceptos.

En nuestras sociedades, intensivas en el uso de tecnologías modernas y especializadas en la producción y comercialización de productos intangibles o servicios, cobra una relevancia especial el capital humano como factor que influye directamente en el proceso productivo y en el desempeño económico, es decir, habilidades, competencias, conocimientos y aptitudes que desarrolla el ser humano a través de su proceso cognoscitivo.

  En nuestras sociedades, intensivas en el uso de tecnologías modernas y especializadas en la producción y comercialización de productos intangibles o servicios, cobra una relevancia especial el capital humano como factor que influye directamente en el proceso productivo y en el desempeño económico

En realidad, el capital humano se ha especificado en el estudio sobre la integralidad, intensidad y calidad de los procesos educativos y de formación profesional para el aprovechamiento colectivo de la inteligencia humana en pro de un mayor desarrollo individual y social. De ahí que la inversión en capital humano por medio de la educación aumenta la capacidad de aprendizaje, la motivación y capacidad de trabajo de las personas, por estas razones aumenta su productividad potencial y su calidad de vida.

Las teorías del desarrollo asignan un rol vital al capital humano como fuente de mayor productividad y crecimiento económico. Aquellos modelos que proponen el diseño de sistemas sostenibles de inversión en la capacitación y educación de talento humano, particularmente el de maestros y directivos docentes, cobran especial interés en momentos de crisis e incertidumbre. Por ejemplo, la inversión en los llamados “fondos de talento” o “fondos de capital humano” ofrece niveles razonables de rentabilidad, promueven el desarrollo educativo y el acceso a las oportunidades de educación tan caras a las expectativas del ciudadano promedio en países como el nuestro, diversifican el riesgo de los inversionistas y es en sí misma una acción socialmente responsable porque en definitiva está ayudando a generar desarrollo social.

Son necesarias entonces, la claridad y persistencia en las políticas educativas, el reconocimiento social de que esta tarea representa una prioridad general vital, y la consolidación en el tiempo de complejos procesos socioculturales, estos últimos especialmente difíciles en el caso latinoamericano. De ahí la importancia de la reflexión sobre el papel definitivo que cumplen en nuestra sociedad, distintos tipos de organizaciones comprometidas con la prioridad de la educación como garante del perfeccionamiento del capital humano y social, es el ejemplo de la Fundación Carolina, cuyos recursos son invertidos directamente en la formación y perfeccionamiento del capital humano de países miembros de la comunidad iberoamericana de naciones.

FUNDACIÓN CAROLINA COLOMBIA: COMPROMISO CON LA FORMACIÓN DOCENTE

Hace ya casi 10 años, exactamente el 21 de febrero de 2004, se firmó en el marco maravilloso del claustro de Santo Domingo en Cartagena de Indias, al tiempo con la inauguración del Centro de Formación de la Cooperación Española en esa hermosa ciudad, el Acta Oficial de Constitución de la Fundación Carolina Colombia4, entidad correspondiente de la Fundación Carolina España5 presidida por S.M.R Juan Carlos I. La Fundación en Colombia ha contado desde entonces con el generoso apoyo de la empresa, la academia y, en general, toda la sociedad civil colombiana y ha tenido la suerte de haber sido promovida y presidida por el Expresidente de Colombia Belisario Betancur, ejemplo vivo del más egregio significado de la cooperación iberoamericana.

4 www.fundacioncarolina.org.co
5 www.fundacioncarolina.es

Hago esta referencia porque probablemente una de las primeras y más importantes intenciones del proyecto estratégico diseñado para esta Fundación fue precisamente el apoyo a aquellas iniciativas tendientes a reconocer, perfeccionar, promover y dignificar la vocación y el desempeño docente.

De esta manera, se inició una aventura conducente a diseñar un Programa de Experiencia Académica Internacional (PEAI) en un país miembro de la Comunidad Iberoamericana de Naciones dirigido, a un grupo de cuatro maestros galardonados con el prestigioso Premio Compartir al Maestro en su versión 2004. Progresivamente se han ido vinculando a este programa Maestros y Directivos Docentes colombianos reconocidos no solo por el Premio Compartir al Maestro, sino también con el Galardón a la Excelencia Educativa, el Premio Santillana de Experiencias Educativas, el Premio Proyecto Ciudadano de la Fundación Presencia y el reconocimiento a docentes y rectores del programa Medellín la Más Educada. Hoy son más de un centenar los maestros y directivos docentes colombianos que han visitado, con encuentros del más alto nivel, las realidades de España y Argentina en este programa, sumados a los docentes y directivos colombianos que han participado en destacados programas de formación como el Máster en Dirección de Centros Educativos del Centro Universitario Villanueva o el Máster en Tecnologías de la Información y Comunicación en Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, entre otros.

En estos casi 10 años, el programa ha tenido la virtualidad de perfeccionarse y mejorarse permanentemente. En este sentido vale la pena resaltar que cada edición ha sido esmeradamente diseñada por los equipos de la Fundación Carolina en Bogotá y sus correspondientes en Madrid y Buenos Aires según cada caso, además por supuesto del apoyo de un número cada vez más significativo de personas e instituciones que se han adherido a esta noble tarea de grato reconocimiento a la labor de nuestros más destacados docentes.

Al regreso de la primera experiencia y además de la responsabilidad que asumían los maestros de multiplicar y socializar su experiencia personal con sus respectivas comunidades educativas, surgió la idea de proponer a los participantes el reto de plasmar en una reflexión escrita, sus vivencias y aprendizajes que hubiesen sido significativos en su experiencia académica internacional. Fue así como apareció el primer título de la colección CUADERNO DE BITÁCORA que año tras año invita a los maestros visitantes a hablarle a la sociedad a través de sus escritos y reflexiones, con tal éxito, que la colección viene involucrando la experiencia de otros grupos de visitantes desde y hacia nuestro país.

Es así como esa idea de propiciar esta experiencia académica internacional para nuestros mejores maestros, es hoy una formidable realidad que nos permite abordar un acervo de conocimientos y experiencias contenidas en la colección Cuadernos de Bitácora, confirmando la sabiduría de Cervantes en boca de nuestro admirado caballero de la triste figura: “La pluma es lengua del alma; cuales fueren los conceptos que en ella se engendraron, tales serán sus escritos”.

Después de agradecer a quienes me hicieron el honor inmerecido de proponer mi participación con estas líneas, cierro con una sentencia del ilustre Agustín Nieto Caballero que se confirma al revisar experiencia vital de los maestros y directivos que han participado en los programas descritos: “Un propósito de formación intelectual y moral mueve la acción de todos los educadores, se trata de iluminar la conciencia, de forjar la personalidad, de acrecentar las energías, de poner en primer término el sentimiento de la responsabilidad, de adaptar al individuo a las nuevas circunstancias, de darle las disciplinas necesarias para que pueda vencer las resistencias que se le presenten, de cultivar en la gente moza la sensibilidad social”.

De ahí la importancia de la reflexión sobre el papel definitivo que cumplen en nuestra sociedad, distintos tipos de organizaciones comprometidas con la prioridad de la educación como garante del perfeccionamiento del capital humano y social, es el ejemplo de la Fundación Carolina, cuyos recursos son invertidos directamente en la formación y perfeccionamiento del capital humano de países miembros de la comunidad iberoamericana de naciones.

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