DidácticaEdición 20

La creación poética en la infancia: algunas consideraciones pedagógicas

La literatura no debería ser un área que se dicta en un momento determinado, sino que debe ser el eje central de la educación. A partir de las lecturas los estudiantes pueden adquirir conocimientos que se aplican a todas las asignaturas. Así mismo, la poesía debería tener un papel importante, ya que le ayuda a los estudiantes a comprender entornos construidos por un escritor, para luego analizar sus propios entornos, ser más analíticos y descriptivos. Luego la escritura de poemas por parte del estudiante es una tarea fundamental para que los pequeños empiecen a desarrollar esas habilidades descriptivas. Mónica Lucía Suárez, explica detalladamente la importancia de la de la creación poética de los alumnos.

 

Los docentes que poseen una vívida conciencia del mundo que los rodea, procurarán desarrollar las dotes sensoriales del alumno, para que este pueda obtener el mayor goce posible del sonido, el color y el ritmo de la vida y la literatura”.

Louise Rosenblatt

Los niños poseen un instinto lúdico que, si es desarrollado ampliamente, consolidará en la adolescencia y posteriormente en la juventud el surgimiento de una comprensión de contenidos líricos más complejos. Aquí cabe resaltar la importancia del trabajo que desde la escuela puede aportarse a este tipo de conocimiento, que incluye desde la recepción de textos poéticos hasta la creación de los mismos.

Se piensa la escuela, principalmente en los primeros años, como un espacio de intercambio de lecturas en el cual el docente es el mediador a través de prácticas de escritura centradas en metodologías de taller que enfaticen en la invención y la creatividad. Teniendo aquí en cuenta la experiencia estética, se propone trabajar en la formación de lectores y en una práctica de escritura literaria. Las estrategias pueden partir de varias maneras, incluso de las formas en las cuales los docentes-lectores y docentes-escritores se dirigen hacia la literatura. Y otras que partirán del canon o de formas tradicionales; y otras más, que serán inventadas.

El niño que oye, lee, recita y escribe un poema, tiene conciencia de que alguien se dirige a él y que él se dirige a alguien. La “aptitud para el descubrimiento” de la que habla García Lorca al referirse a la imaginación, no podría ser solamente un instinto, sino también una habilidad. No se debería limitar al niño a descubrir ritmos, aliteraciones, metáforas; o a descifrar formalmente el poema, sino a saber vivirlo, sentirlo y volver a crearlo o recrearlo.

Cabe aclarar que lo que se trabaja pedagógicamente con la creación poética es un tipo de texto, por lo cual hablamos de poema, más que de poesía. Sin embargo, antes de centrarnos en algún tipo de didáctica literaria es necesario preguntarnos por los aprendizajes de la poesía que se pueden analizar en la producción textual infantil. Es importante retomar la idea de la “pedagogía de la imaginación”, ya que se plantea, ante todo, en la creación de poemas, un aprendizaje experiencial. La escuela cumple entonces una función mediadora que permite una práctica de lo imaginario, un aprendizaje frecuente hacia la exploración de la imaginación creadora.

Una visión pedagógica de la imaginación creadora en la infancia

Se retoma entonces el tema de la imaginación creadora, para abordarlo desde un enfoque pedagógico. La investigadora Josette Jolibert ya había hablado de una “pedagogía de lo imaginario”: “Si bien el imaginario es movilidad, ello no implica que sea pura divergencia, activismo creativo, desorden feliz: no trabaja con cualquier cosa, de cualquier manera. En lo más profundo está estructurado y es según su estructura que es operatorio en su originalidad propia”. (1998: 56)

Se trata de una visión pedagógica de la imaginación creadora, ya que implica un pensamiento más elaborado, extrae elementos de lo imaginario, pero los organiza o asocia; es de nuestro interés cómo realiza esta asociación el niño o la niña en su proceso de escritura de poemas. Para alcanzar la imaginación creadora en nuestros niños, vale la pena activar una racionalidad estética y alimentar la acción de imaginar mediante la formación del gusto y la sensibilidad. Así, se abren las puertas a la percepción y se enriquece la capacidad de conocer.

A través de la imaginación creadora se puede hacer que los niños tengan una experiencia vital. Una pedagogía de la imaginación poética está más centrada en la experiencia estética que en una didáctica instrumental y que en una información disciplinaria o vinculada al conocimiento teórico de la lengua y al aprendizaje de las normas y estructuras.

Precisamente, se tienen en cuenta para la visión pedagógica de una creación poética en la infancia diversos aportes que se han realizado desde tres enfoques. Un primer enfoque tendría relación con las habilidades que, en este caso, están relacionadas con lo comunicativo y estético; es decir, algo que se ha determinado como competencia literaria. En esta propuesta será llamada competencia poética. Cabe destacar esa proyección interna de la cual se habla en un segundo enfoque, ya que de los propios imaginarios que se tengan sobre la poesía en una institución, variará el desempeño poético de los estudiantes. Por ello, vale la pena también concentrarse aún más en el docente, que es un mediador directo entre el estudiante y el texto.

Acercarse a la expresión poética como práctica social, sería un tercer enfoque, mas lo que está en juego son los procesos internos de la creación en la infancia, que de igual manera siempre estarán permeados por el contexto social y cultural. Aquí se traslada el concepto de didáctica literaria, ya que como se concibe la expresión poética, el objetivo de dicha didáctica es formar personas que se muestren competentes creativamente y se sientan capaces de comunicarse con otras personas en contextos significativamente culturales para ellas.

Hacia una “competencia poética”

Esta es una visión de competencia en que se ven intrincadas las relaciones del estudiante consigo mismo, con el otro y con el contexto. Desde la imaginación, los niños dan forma a mundos posibles y desde el intelecto interpretan y cuestionan las bases prácticas de lo real y lo relacionan con lo que conllevan las imágenes poéticas para tomar posición y expresar una visión argumentativa o crítica, así sea de su propia experiencia creativa.

Y luego, vale la pena plantear la pregunta de cuál es la competencia poética que se pretende sustentar. Para esto, es importante retomar el carácter cultural e ideológico de la educación y definir herramientas que se conviertan en estrategias para abordar los poemas como tipos textuales en la escuela, no solamente como una forma de lectura en clase o un apoyo al área de la gramática. El aprendizaje desde la poesía, que más bien es un acercamiento a la misma, no se centra en dictar una clase, sino en plantearla como una labor de orientación y ampliación de los horizontes de la lectura y la escritura, apoyada en el proceso imaginativo, en el desarrollo de la interpretación, de la argumentación y de la libertad creadora, entendida como juego (lúdica) con las posibilidades del mundo.

En cuanto a la relación de la pedagogía de la literatura y la escritura poética, se propone cultivar la creatividad en conjunción con la dimensión lógica del pensamiento. La escritura es un proceso educativo de primer nivel y respecto a la literatura, las dos vindican la evolución cultural y cognitiva de los estudiantes.

Por último, el desarrollo del pensamiento desde la literatura en la escuela consiste en la conjugación de todos los procesos anteriores: simbolización, significación, expresión y comunicación; en juego con las estructuras y operaciones de procesos inferenciales y críticos. De este modo, en la propuesta se tienen en cuenta los pensamientos lógico, crítico y creativo. A partir de la lectura, y principalmente de la producción de textos literarios, se pueden generar estrategias pedagógicas que partan de todas las posibilidades de la significación; por ello, la conciencia de la complejidad del lenguaje, del mundo y del propio ser humano para crear textos con sentido.

La experiencia de la creció poética en la escuela

La formación debería incluir lo poético dentro y fuera del aula. Advertir primero su esencia en esos espacios, para aterrizar un posible aprendizaje desde lo poético en el plan de estudios de primaria. No desterrarlo del aula para ubicarlo en sesiones de lectura o eventos particulares de la escuela, la propuesta podría ser valerse de la literatura como experiencia para comprender mejor otros conocimientos básicos de los niños. “Se confunde a menudo la lectura de poesía con el acto de recitar poemas solo para verificar su musicalidad y comprobar la agilidad memorística o se asume como instrumento de divertimento para los niños o de expresión sentimental o emocional momentánea de los adolescentes. Con estas intenciones se pierden todas las posibilidades interpretativas de los poemas, esto quiere decir que no se abre el espacio para el pensamiento desde lo poético creador” (Rodríguez, 2006: 12).

Así, la creación poética como experiencia puede partir de los lugares cotidianos que recorren los estudiantes, aquellos que construyen su espacio interior y que luego van a inspirar los escritos que producen.

Asumir pedagógicamente el hecho de que el aprendizaje se da fuera del aula, en el entorno, y se nutre allí en el aprendizaje como experiencia, permitirá luego comprender lo profundo y complejo respecto al aprendizaje de la poesía (que no es otra cosa que experimentarla). De este modo, abrir la posibilidad de una pedagogía del poema, con el respeto que merece percibir el escrito poético como una experiencia de interpretación, será el propósito final de esta propuesta.

La escritura poética desde un proceso interpretativo

La propuesta pedagógica se centra en la posibilidad de incluir la poesía dentro del ámbito del aula como un ambiente real dentro del lenguaje. No el poema como texto cerrado, sino la posibilidad de una mirada poética del mundo. El poema como espacio de interpretación y aprendizaje, un aprendizaje no sesgado ni orientado simplemente a la forma o a la memoria, sino la puerta que abre otros aprendizajes de diversas asignaturas.

Este estudio se inclina por un proceso hermenéutico en el que se plantearían tres etapas: se inicia escribiendo poemas a partir de una sensibilización apropiada –sin explicación o instrucción académica, sino con guía modelada- (preescritura poética), se continúa escribiendo, a partir de alguna lectura de poemas, conocimiento y comprensión de escritos poéticos (escritura poética) y se concluye escribiendo en una etapa de reescritura poética. La propuesta sería escribir poemas antes de ir al texto, durante y después del texto.

Si nos remontamos a la historia de la enseñanza de la poesía, esta se reservaba para aquellas personas con cualidades innatas para ello, se ubicaba, por tanto, en un ámbito social para “cierto” tipo de sujetos con una sensibilidad especial. Desde el planteamiento de este estudio se considera al hecho poético como forma de expresión integral que puede abrir la experiencia de mundo de los niños que leen –y escriben- textos poéticos a través de la indagación, para descubrir en sus textos realidades que los llevan a una valoración crítica del mundo.

Se recuerda que se está hablando de un proceso de escritura que no puede darse en una sola clase, un día o un rato de ocio. Un mismo poema no se lee igual hoy que mañana y se sitúa en el contexto del lector, y en este caso, del autor.

Surge a su vez otra pregunta, ¿cómo se evaluaría una asignatura así? En el mundo de hoy, la unión entre pensar y poetizar se hace cada vez más necesaria. Esto permite que todos los saberes se fusionen de nuevo, “todos los saberes comienzan a vincularse, hasta tal punto que de nuevo la matemática se aproxima a la poesía, la ciencia se acerca al arte, como en los pueblos ancestrales”. (Rodríguez, 2010: 30).

Acá se pretende hablar directamente de poemas, de textos poéticos. Y se asegura que hay escritos de los niños que se acercan a lo que se espera de un poema. Hay versos en algunos de sus textos. Por ello, se propone una rejilla de valoración de textos poéticos.

Jamás sería un propósito, para el presente trabajo, encasillar los poemas en celdas para evaluar, sino hallar rastros poéticos y reivindicar la escritura poética de la infancia, bajo una teoría de la imaginación creadora y de la experiencia estética de niños y niñas.

Podríamos hacer el ejercicio de valoración con un poema escrito en el aula, de una estudiante de cuarto grado, en uno de los Talleres de creación poética.

¿Por qué no me das una flor una hoja de esperanza un pedazo de amor que me pueda dar esa alegría un cielo azul para mi corazón? Tan solo un pedazo de tu alegría para endulzarme el corazón.
María Soledad Gallego

En el momento de preescritura poética, el proceso de percepción hace referencia a la apropiación que se tiene del entorno y sus fenómenos naturales, en este caso la primavera, en relación con su espacio poético. El espacio poético da cuenta de la individualidad de cada ser. Es aquel lugar donde reside su imaginación creadora. Sale de la descripción del entorno hacia otras posibilidades. Cuando el texto dice “¿Por qué no me das una flor, una hoja de esperanza…” está saliendo de una descripción sencilla a entablar un diálogo directo con la primavera.

Al entablar dicho diálogo, también, de cierta manera, demuestra un conocimiento del entorno que le sugiere aquella primavera. De alguna forma, hay una experimentación con el lenguaje al hacer el ambiente más íntimo a través de una pregunta directa.

En la etapa de escritura no hay una interacción directa con los autores leídos, ya que, aunque escucha atenta los poemas, no cambia nada de su texto en la reescritura a partir de lo que se lee. Lo único que transforma es la parte visual, cuando distribuye en versos al texto. De por sí, desde el inicio ella acude a imágenes poéticas: “Una hoja de esperanza, un pedazo de amor que me pueda dar esa alegría, un cielo azul para mi corazón”. El mensaje es directo, ya que reitera “tan solo un pedazo de tu alegría para endulzarme el corazón”. Eso indica que todo el tiempo está imbuida en esa conversación con la primavera. Se asegura esto porque en el momento de reescritura, al sugerir un cambio por la repetición de la palabra corazón, la respuesta de la niña es que quiere que a la primavera le quede clara su petición.

Veamos entonces cómo podría ser valorado su proceso:

Cuando se incita a los niños hacia la escritura de poemas, el primer escrito poético del año no será leído, ni interpretado de igual manera al final del mismo. Ese es otro elemento enriquecedor de la escritura poética, modifica su experiencia según el contexto y el tiempo en que se lee.

Se requiere la poesía, en las aulas y en los patios de descanso. Se reclama en los espacios de la escuela una mirada poética. No se trata de hacer del ámbito pedagógico una academia de arte o de volver a los niños poetas. No sería tan simple. Se trata de tomar más en serio el tema de la imaginación como facultad creadora que conlleva procesos profundos de pensamiento.

Lo poético –visto como un espacio de interpretación- es una herramienta real que puede ser parte de los proyectos pedagógicos de los docentes. Acercar la poesía a la vida de la escuela, dejar que baje de esa ilusión en que los únicos que pueden acceder a ella son seres privilegiados o extraños, y aprehenderla en las actividades dentro y fuera del aula, es algo posible y tangible.

De esta propuesta se desprende una segunda: el trabajo directo con la poesía en la escuela. Los niños realizan actos de creatividad poética no solamente en algunas ocasiones, fechas especiales o eventos culturales; sino en sus juegos diarios, conversaciones y aprendizajes. Son capaces de comprender lo poético porque en medio de su realidad está presente todo el tiempo. No se apunta hacia la imaginación como un don, ni como algo que se activa de vez en cuando. Tampoco se piensa la imaginación como simple percepción física de algo que se observa, ni como el estado perdido de la infancia. Es claro en esta propuesta que la imaginación creadora es la facultad por excelencia, que se involucra en cualquier área del conocimiento y que, además, sirve de puente entre algunas de ellas.

Entonces, también la visión de lo poético como algo alcanzado por los poetas solamente o como un estado sublime, cambia. Lo poético está en el entorno de los niños y niñas. Aprender a poetizar es aprender a observar. Traspasar el percibir para llegar a interpretar.

Todo esto tiene que ver con la formación, ya que un docente que se arriesga a trabajar lo poético de esta manera, sabe que todo contenido que transmita es asumido por el niño de una forma creadora. Entonces surge otra propuesta: lo poético no está solo en la poesía, ni en el poema. Está también en cualquier actividad de la escuela. La creación poética no se refiere simplemente a la lectura o la escritura de textos, sino a la lectura de mundos y a la escritura como modo de comprensión de lo esencial de las cosas, los otros y del niño como creador mismo.

 

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Mónica Lucía Suárez

Magíster en Educación Universidad Nacional Colombia; consultora pedagógica y directora Departamento de Investigación de la Corporación Universitaria Taller Cinco.

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